Entrevista a Luis del Pino: (1 de 2) “El problema nunca ha estado en Bilbao o en Barcelona, siempre ha estado en Madrid”

Luis del Pino es una de las estrellas de Esradio, una cadena que, con mucho esfuerzo, se ha consolidado en el siempre difícil hipódromo radiofónico nacional. Y lo ha hecho a pesar de la desventaja de no contar con ningún poste en una comunidad de tanto peso como Cataluña, ‘gracias’ a la Generalitat. Presenta ‘Sin complejos’, el espacio matinal de los fines de semana, y se ha hecho un hueco en la siempre exigente escena audiovisual de nuestro país. Quedo con él en los estudios de esta emisora, unas instalaciones sin lujos, pero de una practicidad absoluta. Se nota que cada céntimo está invertido en sacar adelante un proyecto que crece año tras año. La entrevista tiene enjundia y como me cuesta meter la tijera cuando lo que se cuenta es interesante, la publicaremos en dos entregas.

¿Pensaba que Cataluña podría llegar a tener un presidente autonómico como Quim Torra?

La verdad es que no. Uno, que es un poco cuadriculado de mente, podría pensar que Cataluña pudiera tener un presidente más o menos separatista, pero dentro de una cierta seriedad. Lo sorprendente de la política catalana es que los que llevan la batuta tienen un nivel ínfimo. El problema fundamental de Torra no es que sea secesionista, es que es un fanático y, además, de poco nivel.

¿Qué ha pasado en España en los últimos años para que el PNV sea visto por algunos sectores políticos como un “partido de Estado” y ERC como una formación “moderada”?

Lo que ha pasado es que el problema nunca ha estado en Bilbao o en Barcelona, siempre ha estado en Madrid.

¿En qué sentido?

Han sido los grandes partidos nacionales, sobre todo el PSOE, pero también el PP, los que han querido mantener artificialmente la tensión separatista para apuntalar el sistema autonómico. Y profundizar más en él y así mantener una serie de chiringuitos. Se han repartido el territorio: el País Vasco para el PNV, Cataluña se dejó en manos de los partidos separatistas y el resto de comunidades para socialistas y populares.

¿Con qué fin?

Colocar a muchísima gente. El Estado de las Autonomías se ha transformado en un inmenso negocio, y se ha usado al separatismo desde Madrid para convencer a la población de que es necesario, cuando no lo es en absoluto. Forma parte de esta ficción presentar a PNV y a ERC como partidos con los que se puede dialogar. A fin de cuentas, están de acuerdo con mantener la actual estructura del poder territorial. En cambio, un partido como VOX, que lo cuestiona, está fuera del sistema.

¿Pero jugar a la tensión territorial no puede llevar a que la cuerda se rompa?

Ya lo hemos padecido. Para alimentar la tensión no todo puede ser ficción, se necesita alimentar a los ‘monstruos’ secesionistas. Por ejemplo, en Cataluña hace falta que una parte de la población se crea el mensaje separatista, si no el ‘teatro’ cantaría demasiado. Y a veces esta gente radicalizada lleva su convencimiento personal más allá del punto de ruptura. Además, este punto de ruptura llegó antes de lo previsto debido a la crisis económica de 2007.

¿Por qué lo aceleró?

Cuando llega esta crisis se desata la fiebre populista, y alguien decide encauzar este descontento. Y se dirige de manera que no sea lesiva para el sistema, que está basado en un Estado autonómico, confederación de Estados o como lo quieran decir. Recordarán que en el 15-M mientras en Madrid se machacaba a la gente con el “este movimiento está instrumentalizado por la extrema izquierda, cuidado con ellos”, en Barcelona se decía que “el 15-M está instrumentalizado por la extrema derecha”.

Cree que se quiso pastorear el 15-M…

Es que lo que se hizo, aislar a esa gente. Entre ellos habría algunos que no iban de buena fe, pero muchos sí que decían sinceramente que “no queremos los de abajo pagar la factura de la crisis, queremos reformas en el sistema político”. Y se recondujo a este movimiento hacia la nada, por ejemplo, a través de Podemos.

¿Y en Cataluña?

Se pisó el acelerador del ‘procés’ para sustituir aquellas peticiones del tipo “queremos un sistema más representativo y más justo” por el tema nacionalista. Así, todas aquellas reivindicaciones de carácter social o económico quedaron apartadas. Pero se pasaron de frenada, y se entró en una situación en la que algunos jugaron a aprendices de brujo, y otros se creyeron de verdad el “este es el momento de la independencia”. Y comenzó una dinámica difícil de parar que culminó en un intento de golpe de Estado. Poco a poco el movimiento alrededor del ‘procés’ se está diluyendo por luchas intestinas, por la desilusión de los que descubren que nunca se intentó realmente conseguir la secesión. Pero tenemos un problema, y aún no está resuelto.

Usted siempre distingue claramente entre los “separatistas” de los “catalanes”, para evitar tomar la parte por el todo. Pero buena parte del Madrid político y mediático sí que confunde ambos términos. ¿Esta confusión forma parte de este intento que denuncia de crear tensión política territorial para ‘vender’ el Estado de las Autonomías?

Es lo que se pretende, y no solo con el lenguaje, también con los simbolismos. Por ejemplo, esas reuniones que casi parecen ‘reuniones bilaterales’ entre el presidente del Gobierno español y algunos dirigentes autonómicos, que muchas veces se escenifican como si estuvieran al mismo nivel, cuando no lo están, dado que un presidente regional siempre está un escalón por debajo, pero eso se intenta ocultar. De hecho, hubo intentos de crear, y por suerte fracasaron, la “conferencia autonómica de presidentes”, como si España fuera la suma de sus comunidades autónomas, al estilo de la Unión Europea. Y España es una cosa mucho más grande y anterior.

Eso está claro…

Las autonomías es un invento bastante reciente y solo en algunos casos responde a realidades territoriales preexistentes. Pero ahí quedó el intento de partir la soberanía en diecisiete para que España no fuera otra cosa más que el producto de la aquiescencia, soberanamente concedida, de las 17 regioncillas que la componen. Creo que hay que luchar contra todo eso. También contra la identificación que comentaba usted. Por ejemplo, los catalanes son muy plurales. Pueden ser castellano o catalanohablantes; de izquierdas o de derechas; separatistas, antiseparatistas y a los que les importa este tema un comino…

Pues según en qué medios parece que “Torra” es “Cataluña”.

Es grave. Pero lo importante es que no hay que dejar a los secesionistas que tomen la voz de todos los catalanes, porque si alguien oprime a todos los catalanes son ‘ellos’, porque son ‘ellos’ los que intentan privarles de sus derechos, o imponer una determinada lengua. Son ‘ellos’ los que saquean al resto de catalanes para vivir como curas. Los catalanes no son los separatistas. De hecho, son sus principales y más numerosas víctimas.

En las semanas previas a las elecciones andaluzas usted defendió la necesidad de que Vox diera un paso adelante y presentara listas. Visto lo que ha pasado después, ¿se considera uno de los hacedores del ‘boom’ de esta formación?

No me considero hacedor de nada, me considero alguien que trata de mirar a su alrededor y trata de ver cuál es el camino correcto. Y en aquel momento el camino correcto para Vox era presentarse a las andaluzas. No tanto por la esperanza de sacar algo, dado que pensaba que si conseguían un diputado ya hubiera sido un triunfo. Porque tener un diputado autonómico por Sevilla no es fácil. Creía que debían concurrir a las elecciones simplemente por obligación, porque había andaluces que no se sentían representados, no solo por PSOE o Podemos, tampoco por PP o Cs. Y aunque al final se hubieran quedado a cero, se debían a esos ciudadanos, para darles la oportunidad de tener a quien votar sin taparse la nariz. Al final resultó que había muchos andaluces que estaban deseando que hubiera algo nuevo, y fue el despegue de Vox.

Despegue inesperado…

Sobre todo, anticipado. La eclosión de Vox se preveía para las europeas de este año, y de repente el calendario se adelantó seis meses. Esto significó para esta formación una cierta complejidad, para bien, que fue la de saber gestionar el crecimiento exponencial. Pero también planteó un problema enorme al resto de los partidos, que se vieron obligados a rehacer todas sus estrategias porque se adelantó el calendario.

Una entrevista de Sergio Fidalgo


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