Entrevista a Andreu Jaume: “TV3 es una vergüenza como televisión pública”

Andreu Jaume
Andreu Jaume
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Escritor, editor y profesor de humanidades, el polifacético Andreu Jaume (Palma, 1977) colabora en medios como El País o Crónica Global y dirige el CLAC, entidad que reivindica el liderazgo cultural de Barcelona dentro de España. El intelectual mallorquín lamenta en esta entrevista los complejos de la izquierda española ante el nacionalismo, cuyo proyecto cree “escandalosamente reaccionario”.

Usted es director del CLAC, organización que fomenta la pluralidad de la cultura catalana. ¿Se encuentra ésta amenazada?

Sí, así lo creo. El CLAC se propone renovar los espacios de debate intelectual en Barcelona, que llevan cuatro décadas controlados por el nacionalismo y sus periferias. Con las periferias me refiero a los que no se definen como nacionalistas pero que, de algún modo, acaban participando de la unanimidad que estos desean implantar. Y es que uno de los éxitos de Pujol fue crear un escenario deletéreo en el que reinaba una ilusión de democracia, siempre y cuando se aceptaran los límites impuestos por él. Los fijó tras el caso Banca Catalana, con una operación que confundía Cataluña con su persona. Una confusión que ha durado prácticamente hasta su confesión, que reveló que el guardián de las esencias catalanas no era más que un estafador.

En realidad, lo que sembró aún se respira en Cataluña. Hay miedo a decir lo que uno opina o a que a uno le relacionen con ciertas personas. Y eso habla de una sociedad gravemente dañada por una ideología destructiva—no en vano, ha conducido al colapso institucional a todo el país—. Por todo ello, era necesario reabrir una discusión pública sin injerencias políticas.

En un artículo en El País, alertó de que  lo que denominó la “república del plebiscito”. ¿A qué se refería?

A una mutación vertiginosa que altera nuestra concepción de la democracia. Hasta el momento, delegábamos nuestra decisión en representantes que discutían en el Parlamento. Ahora, se quiere una democracia directa: decidir sin intermediarios. Es un disparate, porque nadie sabe cómo hacerlo. Mientras, vilipendiamos la democracia representativa —que, a pesar de malos usos, es el mejor sistema de gobierno inventado en occidente—.

Para mí, la maravilla de la democracia reside en su carácter vacío de contenidos naturales. Es decir, que usted y yo gocemos de los mismos derechos sin importar nuestra raza o apellidos. Ese vacío garantiza la pervivencia de los derechos. En cambio, la democracia directa —que aparentemente devuelve el poder al individuo— reactiva esos contenidos naturales. Esto es lo que ocurre en Cataluña. Los nacionalistas sostiene que tienen “derecho a decidir”. Pero, ¿por qué tienen derecho a cambiar la Constitución y destruir nuestro orden jurídico? Porque son catalanes y gozan de un derecho anterior a la democracia, ligado a la tierra y la sangre. Exactamente, lo que proclama en sus escritos Quim Torra.

También inquieta que parte de la izquierda, que debería combatir este fenómeno, lo esté secundando. Lo hemos visto con Podemos, que hicieron un referendo para decidir si Iglesias y Montero se podían comprar una casa. Esa es la república del plebiscito a la que me refería: dar la palabra a todo el mundo para acabar quitándole la voz a todo el mundo.

A pesar de que la UNESCO, UNICEF y la Comisión Europea reivindican la enseñanza en lengua materna, la Educación catalana excluye el castellano como lengua vehicular. ¿Por qué?

La inmersión fue otra de las creaciones de Pujol que, como advirtió Tarradellas, nos llevaría a la división total. Pujol, un hijo de manual del nacionalismo folclórico de origen romántico, quiso crear la nación con la lengua. Entonces, pretextando que el catalán estaba a punto de extinguirse —lo que no ocurrió ni durante los años más oscuros del franquismo— vetó el castellano como lengua vehicular, marginando así a muchos catalanes. Es puramente absurdo.

Yo me eduqué en las dos lenguas en Mallorca y salí del colegio conociendo bien ambas. Y nunca he entendido por qué eso no puede hacerse también en Cataluña. Tengo una amiga que lleva a su hija al colegio alemán para poder educarla en la lengua que ella quiere. Algo carísimo, y que se puede permitir a duras penas. Están vulnerando un derecho garantizado por la Constitución. Sin embargo, todas las sentencias emitidas al respecto han sido burladas por la Generalitat.

Los incidentes por motivos ideológicos se han disparado en Cataluña. Sin embargo, el secesionismo niega que el procés haya afectado a la convivencia. ¿Cuál es la razón?

Los defensores del procés aseguraban que era un movimiento pacífico, casi seráfico. Cuando en realidad llevan mucho tiempo ejerciendo una violencia soterrada. Una violencia que impide a un padre que su hijo aprenda también en castellano; o que alguien te advierta: “Eso no lo puedes decir”. Esto es fruto de años y años de adoctrinamiento mediático y escolar, hasta que casi flota en el aire. Toda esa violencia ha estallado finalmente por una orquestación política, y está llegando a la calle, algo muy peligroso. Pero los nacionalistas han jugado con ello, esperando altercados que despertasen una reacción internacional. Se le escapó el otro día a Agustí Colomines, diciendo que una revolución con muertos “tardaría menos”.

Estos excesos forman parte del pensamiento nacionalista, que esconde un fondo reduccionista y violento. En el momento que se pretende excluir a las personas por su origen, se siembra una futura violencia. Nuestra respuesta frente a ello nunca puede ser ponernos a su altura, sino mantenernos en la razón. En este sentido, admiro el temple de Arrimadas, que nunca desciende al fango. La descalificación ad hominem es justo lo que esperan.

Los autodenominados CDR acaparan cada vez más atención mediática. ¿Cómo valora este fenómeno?

Con preocupación y bastante escándalo al comprobar que son amparados por el poder público. Recordemos que Quim Torra no solo no los condena, sino que los anima a seguir “apretando”, lo que debería ser constitutivo de delito. Es muy grave que el presidente de la Generalitat, que debería ser el presidente de todos —aunque ya sabemos que no lo es— y que es el representante ordinario del Estado en Cataluña —lo que también se le olvida— anime a grupos radicales cuyos actos rozan la violencia.

Según los últimos datos, las empresas siguen marchándose de Cataluña: solo el último trimestre, se marcharon 259 entidades. Sin embargo, el respaldo al proyecto secesionista no parece haber menguado. ¿Cómo se explica?

El motivo es que el procés está afectando de manera grave a toda Cataluña, pero esa gravedad la notan menos las personas vinculadas al mismo procés. Es decir, gente que vive de la Administración pública —funcionarios, profesores y periodistas afines— y que no se tiene que batir el cobre en la calle todos los días. En cambio, los autónomos, las personas que trabajan en la hostelería, etc., sí han sufrido la falta de confianza e inseguridad jurídica generada por la tentativa secesionista. Pero, claro, los nacionalistas viven en una burbuja. Piensan que todo va bien porque a ellos les va bien.

Hace unas semanas, Ada Colau se vio obligada hacer de traductora en TV3 para que el alcalde de Medellín entendiera las preguntas de la presentadora, que insistía en hablarle en catalán. En su opinión, ¿qué responsabilidad le corresponde a TV3 en lo que estamos viviendo en Cataluña?

TV3 es una vergüenza como televisión pública. Como también lo es su director. Se trata de una cadena que no pasaría los controles de ningún gobierno europeo serio. Y, obviamente, es uno de los responsables de lo que ha ocurrido. Como le decía antes, Pujol trabajó incansablemente para construir la nación. Y para este fin los medios de comunicación son imprescindibles. Así, creó TV3 como medio de adoctrinamiento.

Y lo he conocido de primera mano. En una ocasión, estando invitado en TV3, me expresé en catalán pero deslice de vez en cuando alguna palabra en castellano. Pues bien, llamaron la atención a quien dirigía el programa por este hecho. O sea, una sandez sin paliativos.

Recientemente, Pablo Iglesias pidió a Quim Torra “evitar una pelea entre demócratas que permita regresar a los reaccionarios”. La pregunta es: ¿por qué Iglesias no incluya entre los reaccionarios a un líder que considera “carroña y “bestias taradas” a la mitad de los catalanes?

Por el complejo que tiene la izquierda con el nacionalismo, en España bien visto por su pasado antifranquista. Y es que, en cierto sentido, aún no hemos superado el franquismo. Seguimos protegiendo e incluso aplaudiendo al nacionalismo desde la izquierda: nos parece benigno porque posee una pátina de resistencia ideológica, pero no es así.

También es cierto que Pablo Iglesias depende de sus taifas en Valencia, Galicia o País Vasco. Podemos no es un partido, sino una suma de partidos, y muchos de ellos son nacionalistas. En cualquier caso, la izquierda española no será plenamente moderna hasta que no se libere de sus complejos con respecto al nacionalismo. ¿Cómo puede ser que la izquierda se lance a defender proyectos intrínseca y escandalosamente reaccionarios? Es una contradicción in terminis.

Creo que mucha gente hubiera votado a Podemos de no ser por su acercamiento, quiero pensar que táctico, al nacionalismo. Lo mismo ocurre con el PSC, que vive unos votantes —los del PSOE— a los que luego traiciona. Me irritó mucho aquello que dijo Iceta sobre Torra, me pareció de una frivolidad tremenda: “A Quim Torra si lo escuchas hablar no te gusta, pero cuando lo conoces te lo llevarías a cenar”. Esto es, contemporicemos con el nacionalismo porque, al fin y al cabo, a los votantes de Cornellà o Ciudad Meridiana solo los necesitamos una vez cada cuatro años.

Analistas como Lluís Bassets o Astrid Barrio señalan la conveniencia de recobrar el catalanismo como ideología transversal que una de nuevo a los catalanes. ¿Debemos hacerlo?

Si aceptamos la democracia, dejémonos de catalanismos y españolismos. Como dice Savater: “Yo no soy vasquista. Tengo suficiente con ser vasco”. Seamos catalanes, españoles y europeos, sin más. Además, yo ya no sé qué es el catalanismo. El catalán está presente en la escuela y en los medios; y es aceptado y respetado. Cataluña tiene un nivel de autogobierno sin parangón en Europa. ¿Qué se exige exactamente? Cuando se habla de la “recentralización brutal” llevada a cabo por Rajoy, que me digan qué competencias ha recuperado el Estado. ¡Ni una!

De hecho, ni los que reivindican el catalanismo saben qué quieren. Son solo maneras de hablar para pacificar el patio político. Debemos perder el miedo y denunciar que el nacionalismo y sus sucedáneos son un retroceso, y que atentan contra la convivencia y la democracia. Su resurgimiento en todo el mundo resulta inquietante. Y por el pasado sabemos que todo puede oscurecerse en cuestión de minutos. Es un asunto demasiado serio como para no hablar claro.

Hace un año, alertaba de la preocupante situación que atravesaba Cataluña en un artículo titulado “Estado de excepción”. ¿Estamos mejor?

Lo más grave fue lo que ocurrió en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre. Visto ahora, el Estado debió intervenir entonces. De haberlo hecho, nos hubiéramos evitado todo lo que vino luego: el falso referéndum, las cargas policiales y la tensión social. Recuerdo ver por televisión aquellas sesiones y sentirme violado como ciudadano. Lo que se trataba de aprobar —las leyes de desconexión— suponía, en realidad, la transición a un régimen totalitario —recuerde que se quería que el Tribunal Supremo fuese nombrado a dedo y que las leyes pudiera dictarlas prácticamente el presidente de la Generalitat—.

Esto fue lo que hizo Hitler en el 33. Elaboró un decreto que suspendió la Constitución de Weimar, lo que permitió al nazismo permanecer en el poder doce años. A raíz de aquello, se crearon los modernos tribunales constitucionales, para que ningún gobernante se situase por encima de la ley.

¿Cómo estamos ahora? Mejor, porque la legalidad vigente sigue siendo la constitucional y la Generalitat, al menos de momento, la acata. Por otra parte, amenazan con saltársela de nuevo y se burlan del Parlament abriéndolo y cerrándolo cuando se les antoja. Además, intentan crear un poder ejecutivo paralelo con el Consell per la República. Así que tampoco estamos bien. Los nacionalistas están desorientados y divididos. Imagino que aguantarán hasta que haya sentencia por el procés y luego tomarán una decisión, pero no sé cuál. Puede ser cualquier barbaridad.

Por Óscar Benítez

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