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Empoderados y desharrapados: panorama electoral para el 14-F

"Se da la circunstancia de que estas elecciones pueden ser claves para nuestro futuro, tanto en Cataluña propiamente como en el resto de España"

Por Antonio Roig
martes, 2 de febrero de 2021
en Opinión
6 mins read
 

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Hace unos días, pensando precisamente en las opciones disponibles para las próximas legislativas catalanas, me tropecé con una frase de Eleanor Roosevelt que me deprimió: El futuro pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños. Es un aforismo muy poético y diría que más bien optimista. Sin embargo, en relación con el futuro inmediato de nuestra tierra sólo tengo pesadillas, de modo que la belleza de mis sueños es negativa. Esos sueños se refieren tanto al resultado posible de las elecciones, como al desarrollo de los proyectos en marcha por parte del Gobierno de la Nación. Echemos un vistazo al panorama electoral para entenderlo.

C’s ha sido el estandarte de la oposición parlamentaria, después de su éxito electoral en los pasados comicios. Ha tenido brillantes intervenciones y se ha mantenido firme en los principios básicos del constitucionalismo. Sin embargo, el salto a la política nacional ha dejado desprotegido el flanco catalán. Por otro lado, los errores cometidos en el juego parlamentario en Madrid y el tambaleo respecto a su posición en el espectro político han pasado factura al partido y es probable que reciba un severo correctivo en las próximas elecciones. ¿Repercutirá esto en las catalanas? Es probable, pero resulta muy difícil augurar en qué medida.

Por su parte, el PPC ha hecho lo que ha podido con su menguada representación. Cuando Inés Arrimadas cambió de sede y se fue a Madrid (¡cómo las empresas, ay!), Alejandro Fernández le tomó el relevo y su habilidad dialéctica le ha convertido en el líder oficioso de la oposición al separatismo. Ahora bien, tanto C’s como PPC han hecho poco más que brillante oratoria. Es importante, muy importante, por supuesto, vocear alto y claro qué es lo que piensa ese sector de los votantes que no tiene otros altavoces. Pero, en la medida en que esas intervenciones parlamentarias no se pueden traducir en cambios legislativos, dada la mayoría parlamentaria de las fuerzas secesionistas y aledaños, apenas sirven más que para mantener el estandarte del partido y contentar a sus seguidores, que se recrean viéndoles cantar las verdades del barquero en el Parlament.

¿Recuerdan iniciativas de unos y otros para acercarse a los problemas de los ciudadanos o para ensanchar su implantación en el territorio o para apoyar las acciones de las numerosas agrupaciones de voluntarios que tratan de mantener activo el frente antiseparatista en las calles y en los juzgados? ¿Dónde está la Oficina de Derechos Lingüísticos de cada uno de ellos? ¿Dónde la oficina de abogados de uno y otro vehiculando las denuncias a las leyes inconstitucionales que se promulgan sin cesar?

VOX es una incógnita en Cataluña que se va a desvelar en este encuentro electoral. Pese a los esfuerzos de casi todo el arco parlamentario por hacerle parecer la encarnación del mal, en España es un partido constitucionalista más. Aunque algunos aspectos de su programa requieren reformas constitucionales, jamás han defendido lograrlas por otras vías que no sean las reconocidas en la propia Constitución. La mayoría de los socios del actual Gobierno de la Nación no pasarían esa sencilla prueba.

Luego hay algunas iniciativas de izquierda no secesionista y de entidades cívicas que van a presentarse en los próximos comicios. El arco de la oferta se amplía, está por ver si se corresponde con la demanda. Hasta aquí, la lista de los desharrapados: partidos con escasa implantación municipal y a los que parece estarles vedado el acceso a la cúpula de las instituciones.

Siendo poco estimulante el panorama del lado indiscutiblemente constitucionalista (más allá de la incógnita que suponen las novedades), el resto es mucho, pero que mucho peor. Comencemos por el PSC, al que los rumores (me temo que interesados) presentan como una especie de partido estrella, gracias a la estela del éxito (sin comentarios) obtenido por el dimisionario ministro de Sanidad. El PSC ha dado sobradas muestras de ser nacionalista y sus propuestas programáticas le acercan cada vez más al nacionalismo separatista. Sirva el reconocimiento de Cataluña como nación como ejemplo. Puede argüirse que es una cuestión meramente simbólica, pero no hay tal. No es un símbolo, sino un paso más en dirección a la exigencia de la independencia. Y, ¿no ha defendido siempre la inmersión lingüística (que se introdujo a iniciativa suya)? ¿No fue el ejecutor más activo de las multas lingüísticas? ¿No ha aprobado en el Ayuntamiento de Barcelona recientemente una moción para desobedecer el mandato judicial de impartir por lo menos el 25% de las horas lectivas en español en los colegios catalanes? ¿No tiene un buen número de sus alcaldes suscritos a la FMI (Federación de Municipios por la Independencia)? ¿Son éstas las señas de identidad de un partido constitucionalista? La impresión, lamentablemente, es que el PSC sólo es constitucionalista cuando hace campaña en los antiguos caladeros de voto del PSOE.

¿Y En Comú Podem? Estos son más sinceros, cosa que nos permite descartarlos antes. Su programa aboga por tumbar la Constitución, construir un nuevo estado plurinacional y, en ese marco, plena soberanía para Cataluña y hacienda propia con plenos poderes para gestionar el dinero catalán. Por propia declaración programática, tal vez sean constitucionalistas, pero no de esta Constitución.

El resto, con matices y fragmentados, son los partidos secesionistas. Los matices van desde “ahora mismo y de forma unilateral”, los más brutos, a “pasito a pasito, para cuando lo veamos posible”, los del peix al cove.

Lo que nos espera con ellos, lo sabemos de sobra porque ya lo hemos experimentado: más lazos amarillos, personas de una edad respetable ridículamente plantificadas en macetas u otras memeces por el estilo, presos polítics al carrer (ya lo están, de hecho), desordenes y vandalismo callejero, completo desgobierno, decadencia económica y cultural, emigración de empresas, división social… Hay que reconocer que el camino a Ítaca, con perdón, es una mierda. Nunca estuvo Cataluña tan mal en todos los sentidos.

Estos son los empoderados, es decir los que disfrutan de todas las prebendas del poder porque se han apropiado de él. Ocupan todas las cabeceras de las instituciones, Iglesia, universidades, asociaciones profesionales, clubes, profesorado… Son los que se permiten considerar a todos los demás como ciudadanos ilegítimos porque no compartimos sus delirios de grandeza (o, mucho peor, por razones de sangre: són gent de fora). Son los que violentan la legalidad para someterla a sus intereses, los que en 2017 prevaricaron para dejar sin voz a la oposición en un alarde de conducta totalitaria, a la vez que se llenaban la boca de democracia.

Como decía, las opciones constitucionalistas no son demasiado atractivas, pero todas las demás son directa y radicalmente rechazables.

Se da la circunstancia de que estas elecciones pueden ser claves para nuestro futuro, tanto en Cataluña propiamente como en el resto de España. El secesionismo llega a esta cita desgastado. A su feligresía se le ha debilitado la fe, después de tanto engaño, de tanto ho tenim a tocar, para que luego todo quedara en nada. Y muchos ciudadanos que tal vez les creyeron de buena fe, empiezan a estar cansados de la ausencia de gestión. La crisis del coronavirus ha constituido una piedra de toque en este sentido.

Una victoria, o por lo menos un avance significativo, del constitucionalismo como bloque representaría un toque de atención importante para debilitar aún más al frente separatista y para forzar al Gobierno de la Nación a corregir su sesgada deriva actual. Por eso es tan necesario acudir a votar en esta ocasión (y hacerlo a las fuerzas constitucionalistas genuinas, por supuesto). No se dejen atemorizar por el COVID, tomen las debidas precauciones, utilicen el voto por correo (tienen tiempo hasta el día 5 de febrero), denuncien todas las irregularidades que observen, particularmente en los colegios electorales de la Tractoria profunda. Si pueden, ofrézcanse a los partidos de su elección como observadores,… En fin, hagan todo lo posible para sacar partido de esta ocasión.

¡No lo olviden, por favor, voten a quien sea (pero que sea constitucionalista)!


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TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: Cataluñaelecciones autonómicasParlament
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