La oficialidad del catalán en la Unión Europea fue un compromiso fundamental. Pedro Sánchez la blandió ante Junts para asegurar su crucial apoyo parlamentario. Ahora, el panorama es otro. La formación independentista ha retirado ya esa confianza.
Las complejidades para lograr el aval europeo se han multiplicado. El PSOE tiene cada vez menos margen de maniobra en este asunto. La carpeta se abrió con el conocido como ‘Acuerdo de Bruselas’. Ahora parece estancarse.
Los socialistas han intentado justificar el retraso. Alegan que la medida no depende solo de la voluntad del Gobierno español. Se escudan en la necesidad de convencer a todos los socios comunitarios. La propuesta incluye también las demandas para el gallego y el vasco. Esto tampoco ha facilitado el consenso en el club europeo. El Gobierno ha usado todas las presidencias de turno de la UE.
Las gestiones buscaban incluir la cuestión en el orden del día del Consejo de Asuntos Generales. Este es el foro ministerial donde debería debatirse el tema lingüístico. La realidad demuestra la falta de avances efectivos. La última reunión ministerial del año en Bruselas se celebra este martes. El punto sobre las lenguas cooficiales no aparece en la agenda. La presidencia danesa concluye sin haber materializado esta prioridad.
La pelota pasa ahora a la siguiente presidencia del Consejo de la UE, a cargo de Chipre. La demanda lingüística podría volver a pedirse para la reunión del 26 de enero de 2026. Los plazos se alargan incontrolablemente. La falta de inclusión en la agenda sintoniza con declaraciones previas del Gobierno. Fernando Sampedro, secretario de Estado para la UE, ya rebajó las expectativas en octubre. Se descartaba volver a plantear el tema en las reuniones inminentes.
El escollo es la obligatoria unanimidad de los 27 Estados miembros. El Ejecutivo de Sánchez parece asumir que no hay avances hasta lograr este consenso total. Es una forma de ganar tiempo ante una promesa que no pueden cumplir. Este fracaso diplomático debilita la posición de Sánchez frente al independentismo catalán. Junts ve cómo una de sus principales exigencias se evapora. El precio político de la investidura podría quedar muy caro para el PSOE.
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