La gestión de la seguridad pública en Cataluña vuelve a quedar en evidencia. El hasta ayer director general de la Policía, Josep Lluís Trapero, ha presentado su dimisión irrevocable tras chocar frontalmente con la consellera de Interior, Núria Parlon. El episodio expone las profundas grietas organizativas que arrastra el departamento bajo el mandato del PSC.
La salida de Trapero se produce en un contexto de máxima fricción operativa. La jubilación del anterior comisario jefe, Miquel Esquius, obligaba a remodelar la cúpula policial. Sin embargo, las discrepancias insalvables sobre la persona idónea para asumir el liderazgo terminaron por romper la relación entre la conselleria y Trapero.
El movimiento representa un duro revés para Salvador Illa. Trapero fue exhibido durante la campaña electoral como el gran fichaje estrella de los socialistas para proyectar imagen de rigor y gestión. Apenas unos meses después, el antiguo mayor abandona la alta responsabilidad política por la puerta de atrás.
El desenlace no se entiende sin las presiones de los socios parlamentarios del Ejecutivo autonómico. Desde Esquerra Republicana, con Oriol Junqueras a la cabeza, se había exigido abiertamente la destitución de Trapero. El Govern ha terminado cediendo ante el dictado independentista para evitar sobresaltos en su frágil mayoría.
En medio de este terremoto institucional, el departamento ha acelerado los relevos. La comisaria Sílvia Catà asumirá la jefatura de los Mossos d’Esquadra, convirtiéndose en la primera mujer al frente del estamento operativo. El anuncio formal se escenifica hoy ante los altos mandos del cuerpo y las autoridades del Palau de la Generalitat.
Catà procede de la región policial de Gerona, donde hasta ahora ejercía la máxima responsabilidad. Su perfil técnico busca aportar estabilidad a una cúpula convulsa que ha sufrido constantes vaivenes en los últimos años. La decisión cuenta con el aval directo de la consellera Parlon.
Por su parte, la dirección general de la Policía recaerá en un viejo conocido de la casa. Ferran López asume el cargo con la compleja tarea de pacificar la estructura política de la seguridad en Cataluña. Su designación supone un giro llamativo en el delicado equilibrio de mandos.
López cuenta con una dilatada trayectoria profesional tras su ingreso en los Mossos en 1989. Procedente de unidades de élite como el GEI, ya asumió la máxima responsabilidad operativa en etapas extremadamente complejas. Curiosamente, su figura permanecía apartada debido a las conocidas diferencias personales y profesionales que mantenía con el propio Trapero.
Salvador Illa afronta así un primer gran rescoldo de inestabilidad en un área especialmente sensible para los ciudadanos. La incapacidad para retener a su referente policial deja al descubierto las concesiones que el PSC debe asumir para sostener su pacto de gobierno. La seguridad en Cataluña arranca un nuevo capítulo bajo la sombra de la politización.
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