El RCD Espanyol afronta su visita a Osasuna este sábado (16:15) con la certeza de que en El Sadar hay en juego mucho más que tres puntos. El feudo navarro exige una concentración máxima y una firmeza que el cuadro blanquiazul ha echado en falta en sus compromisos más recientes.
Las flojas actuaciones completadas frente a la Real Sociedad y el Sevilla han encendido las alarmas en el entorno perico. El equipo ofreció una versión gris y dubitativa, muy alejada del rigor competitivo que requiere la máxima categoría del fútbol español. Un nuevo choque mediocre en Pamplona amenazaría con desatar una crisis de confianza de consecuencias impredecibles.
Algunos pericos tememos que un tropiezo reabra las cicatrices sufridas a principio de año, cuando el bloque atravesó una alarmante racha de dieciocho jornadas consecutivas sin saborear la victoria. En el deporte de élite la complacencia se paga cara y la falta de rumbo erosiona cualquier proyecto con rapidez. La entidad catalana necesita reaccionar con carácter para demostrar que los errores recientes corresponden a un desajuste puntual y no a un problema estructural.
El feudo osasunista representa la oportunidad perfecta para dar un golpe sobre la mesa y enviar un mensaje de tranquilidad. El Espanyol está obligado a recuperar su identidad competitiva para evitar que los fantasmas del pasado vuelvan a instalarse en el vestuario. Toca despejar las dudas con una buena actuación, como la de la temporada pasada (1-2) que sirvió para atar la permanencia.
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