La capital del Bages, que está gobernada por ERC; se ha convertido en el reflejo de un problema que la izquierda institucional se obstina en minimizar. La sensación de impunidad recorre las calles de Manresa ante la proliferación de episodios delictivos que sobrepasan cualquier límite previsible.
El último suceso ha tenido lugar en la madrugada de este miércoles. Dos menores de 17 años han sembrado el caos al volante de un coche robado, protagonizando un temerario episodio que pudo terminar en tragedia. Una patrulla de los Mossos d’Esquadra detectó el vehículo circulando a gran velocidad por la avenida dels Països Catalans. Al recibir la orden de alto, el conductor apretó el acelerador para emprender una huida descontrolada por el entramado urbano.
La fuga movilizó a cuatro patrullas policiales en una persecución al límite. Finalmente, tras abandonar el automóvil e intentar escapar a pie, ambos jóvenes fueron interceptados y puestos a disposición judicial por los agentes. Sobre los arrestados pesan imputaciones por robo de vehículo, resistencia y desobediencia. Al conductor se le suman los delitos de conducción temeraria y carencia del correspondiente permiso de conducir, configurando un expediente desolador para su corta edad.
Este altercado no representa un hecho aislado, sino la continuación de una sangría de violencia que castiga a la localidad. Apenas unos días antes, las alarmas volvieron a saltar tras una brutal agresión registrada al anochecer. Un grupo de jóvenes abordó a un transeúnte con la clara intención de robarle. Al constatar que la víctima no portaba objetos de valor, los asaltantes reaccionaron propinándole una paliza salvaje que le dejó severas contusiones en el rostro.
Aquel violento ataque se produjo solo tres días después de un trágico homicidio que ya había encendido todas las alarmas vecinales. La acumulación de incidentes confirma una degradación del espacio público que exige respuestas contundentes. El gobierno municipal que encabeza Marc Aloy, de Esquerra Republicana, parece incapaz de articular un plan eficaz contra el deterioro de la convivencia. El relato complaciente de la izquierda tropieza de forma sistemática con la dura realidad que sufren los vecinos.
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