Cataluña vive una situación de colapso que ya no se puede ocultar bajo el manto de la propaganda oficial. El caos ferroviario en Rodalies y el reciente bloqueo de la AP-7 han colmado la paciencia de una ciudadanía que se siente abandonada. Ante esta realidad, el prófugo Carles Puigdemont ha alzado la voz desde Perpiñán para señalar directamente al Govern de Salvador Illa y sacar rédito político del desastre de gestión del Govern.
El presidente de Junts ha solicitado formalmente la dimisión de la consellera de Territori, Sílvia Paneque. Según el huido de la Justicia, la gestión del Ejecutivo socialista es inexistente y roza la negligencia técnica. Para Puigdemont, el equipo actual de la Generalitat carece de la solvencia necesaria para afrontar la crisis de movilidad que estrangula el país.
La crítica se personaliza en figuras como Manel Nadal, actual secretario de Movilidad. Puigdemont recuerda con ironía que Nadal ya ocupaba cargos de responsabilidad en crisis similares hace casi dos décadas. Esta recuperación de viejas glorias del socialismo catalán demuestra, a ojos de la oposición, una alarmante falta de renovación y de ideas frescas.
Desde las filas de Junts se sostiene que el PSC ya ha «dimitido» de sus funciones reales de gobierno. Acusan a Salvador Illa de actuar más como un delegado de la Moncloa que como el presidente de todos los catalanes. El diagnóstico es severo: una administración anestesiada que prefiere la gesticulación política antes que la resolución de problemas técnicos.
Puigdemont exige un traspaso integral de las competencias de Rodalies a Ferrocarrils de la Generalitat, rechazando acuerdos a medias. Según su visión, cualquier gestión que dependa de los hilos de Madrid está condenada al fracaso estructural por falta de inversión.
Sobre la relación con sus antiguos socios de ERC, Puigdemont mantiene una distancia prudente pero crítica. Ha confirmado que se reunirá con Oriol Junqueras en privado, aunque duda de que el encuentro aporte soluciones mágicas. No olvida recordar la responsabilidad de los republicanos como socios externos de este nuevo ciclo socialista.
La respuesta de Junts pasa por la movilización contra lo que denominan «la anestesia socialista». Consideran que la propaganda del Govern intenta ocultar una realidad de servicios públicos en declive. La prioridad del Ejecutivo de Illa, denuncian, es evitar que Cataluña recupere cualquier palanca de poder real frente al Estado.
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