El Barça no necesita comprar árbitros, porque cualquier aficionado de un club que se haya enfrentado en Liga contra el equipo azulgrana ya sabe cómo las gastan los colegiados cuando hay futbolistas barcelonistas sobre el césped. Una decisión polémica contra el todopoderoso club catalán conlleva siempre una tormenta mediática e institucional que muchos trencillas prefieren ahorrarse.
Lo mismo pasa a la hora de tomar decisiones en los despachos de las instituciones deportivas, sean españolas o europeas. Recordemos como la UEFA se doblegó ante la ofensiva de banderas ‘esteladas’ y pancartas con mensajes del estilo “España es un Estado fascista” en el Camp Nou cuando teóricamente prohíbe las proclamas políticas en la Champions o en la Europa League.
O como se puede sancionar a un club si media docena de aficionados insultan a un futbolista, pero si miles de culés ofenden al Rey y pitan el himno nacional en una final de Copa, no pasa nada, ni se sanciona al Barça. Las genuflexiones ante el Barça por parte de los políticos catalanes llega a extremos ridículos y en los últimos años hay demasiados ejemplos de esta actitud servil.
Este es el pan nuestro de cada día de los políticos, dirigentes deportivos y periodistas vendidos al “oro del Barcelona”. Así que seguiremos asistiendo en el futuro a nuevos escándalos, porque el Barça no conoce barreras éticas ni morales para imponer sus intereses.
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