El no tan perfecto lazo amarillo

Desde hace unos meses es inevitable ver gente pasear por las calles de Cataluña con un lazo amarillo, por lo que creo conveniente preguntarse de donde surge esta nueva tendencia.

Pues bien, el “lacito” amarillo empieza a lucirse por los dirigentes independentistas catalanes después de una serie de detenciones a consellers y dirigentes nacionalistas por tirar a delante un proceso de independencia que no es apoyado ni por la mayoría de españoles ni por la mayoría de catalanes.

Y es que parece que a los dirigentes independentistas esto les ha servido como excusa para alargar más esta pesadilla y para justificar lo represivo que es el Estado, por ejemplo, proponiendo como candidatos a la presidencia a políticos presos o con problemas con la justicia. Quiero remarcar el término “políticos presos”, puesto que quienes trolean a la verdad y a la realidad les gusta llamarlos “presos políticos”.

Pues no está de más especificar que estos políticos no están encarcelados por sus ideas, porque si fuera así todos los dirigentes independentistas estarían en prisión. Están encarcelados, como pasa en cualquier otra democracia del mundo, por el hecho de saltarse leyes que defienden el interés general y el bien común de todos los españoles, catalanes incluidos.

Me resulta impactante ver que cuando los dirigentes independentistas hablan de los catalanes lo hacen en nombre de todos, en nombre de la “societat catalana”, queriendo hacer creer que todos los catalanes les apoyan. Por eso me indigna que se permita que estos dirigentes mientan tan a la ligera y, lo más grave, sabiendo que mienten y clasificando de “catalanes de segunda” a quien no les respalda. Claro que, para ellos, estos no entran es su perfecta “societat catalana”.

Es innegable que el independentismo ha hecho una gran política de imagen más que una política social o económica durante estos años, prueba de ello es el tiempo que ha pasado, por ejemplo, desde la última comisión de sanidad llevada a cabo en julio del 2017.

De todo esto sale el “lacito” amarillo. Pep Guardiola, entrenador del Manchester City y uno de los principales promotores, a nivel internacional, del independentismo, considera que llevar un lazo amarillo es equiparable a aquellos que llevan un crespón negro por el fallecimiento de alguien o aquellos que llevan uno rosa para recordar a las víctimas del cáncer.

Pero lo cierto es que solo hay un favorecido en todo esto y no es Cataluña, no son los ciudadanos catalanes, no lo son las colas de espera de la sanidad catalana o las miles de familias necesitadas en Cataluña, sino la gente que está detrás del negocio del “lacito” amarillo. De ahí, a que considere que quien lleva ese lazo, a pesar de creer que lo lleva por un futuro mejor, lo lleva a causa de tantos males que nos ha traído esta situación. Y lo peor, es que quien lleva ese lazo amarillo, queriendo o sin querer, apoya estos males, consciente o inconscientemente.

Me gustaría hablar, pues, de algunos de estos males que el independentismo atribuye al Estado español. Que el bloque independentista intente alargar más esta situación y no empiecen a trabajar por lo que realmente interesa a Cataluña conlleva: que aún haya 162.000 menores viviendo precariamente en la comunidad, que 20.000 familias se encuentren necesitadas de la Renta Garantizada de Ciudadanía, que 3.000 sedes empresariales hayan huido de Catalunya (con lo que esto supone para la economía catalana pese a que a los nacionalistas no les importe demasiado), etcétera, etcétera, etcétera.

Como dato final de reflexión, hacer saber a todo el mundo que lea este artículo, puesto que no os lo hará saber TV3, que Cataluña es el segundo productor de armas de España solo por detrás del País Vasco, por lo que mejor dejar de basarse en hacer política de imagen independentista en manifestaciones (tan sentimentales) de apoyo a víctimas del terrorismo y empezar a preocuparse por la situación del 100% de la ciudadanía catalana.

Javier Munner Salmerón, estudiante de derecho y ciencias políticas, universidad Abat Oliba CEU

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