Me gustaría decir que me entristece la derrota culé en Anfield (4-0 en la vuelta; 4-3 para los ingleses en el total de la eliminatoria) por lo del fair play, pero la verdad es que no ha sido así. Lo primero por motivos deportivos, dado que en mi condición de aficionado del RCD Espanyol, club que lleva decenios soportando chanzas azulgranas, estas hazañas culés me provocan una sonrisa.
Pero en estos difíciles momentos que vive España esta derrota tiene una segunda derivada: el evitar que la final de la Champions se hubiera convertido en una muestra propagandística del secesionismo más tronado.
Una final de Champions, en Madrid, con todo el planeta pendiente del partido, con el juicio por el proceso secesionista en marcha, y con un club, el Barça, que ha demostrado querencia por los actos propagandísticos de corte independentista, hubiera provocado un aquelarre de lazos amarillos, pancartas, esteladas y retratos de Junqueras y Puigdemont.
¿Qué no todos los culés son separatistas? Me consta. Pero mientras el sector barcelonista y separatista luce todas sus galas propagandísticas con profusión de esteladas allá donde juega el Barça, los hinchas azulgranas que no son nacionalistas acostumbran a formar parte de una mayoría silenciosa que no planta cara. Con honrosas excepciones y muy meritorias, pero en franca minoría.

Por lo tanto, gracias al Liverpool por haber ayudado a España a que un grupo de españoles, el sector independentista de la afición culé, hubiera insultado a su país (España) ante las cámaras de todo el planeta. Se tendrán que conformar con intentar montar otra pitada al himno nacional en la final de la Copa del Rey, un objetivo menor para el equipo de propaganda del secesionismo más radical.
Sergio Fidalgo es director de elCatalán.es
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