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El legado de Goebbels y el ‘procés’

Por Gonzalo de Oro
jueves, 29 de marzo de 2018
en Opinión
4 mins read
 

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Joseph Goebbels fue uno de los personajes más controvertidos y estudiados del Tercer Reich. Hombre bajo, cojo, con complejo de inferioridad y antisemita con mala leche, fue para algunos un fanático más a las órdenes de Hitler, mientras que para otros resultó ser además un personaje inteligente, siniestro y manipulador capaz de convencer a las masas de lo que hiciera falta.

En cualquier caso su labor como ministro de propaganda fue fundamental para transformar una sociedad culta, amante del arte y de la música, en una caterva delirante y cargada de un odio absolutamente irracional capaz de cometer crímenes atroces e indiscriminados.

Lo cierto es que de alguna forma Goebbels fue el inventor del marketing político tal y como lo entendemos hoy en día. A él se le atribuye la conocida frase de «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad» aunque algunos historiadores dicen que en realidad era de Lenin. Fuera o no suya la frase en cuestión, es evidente que él estaba convencido de que así era y que le funcionó. ¡Vaya si le funcionó!

Han pasado más de setenta años desde su muerte y su legado sigue vivo, muy vivo, especialmente entre el mundo independentista que sigue viviendo el «procés» a su manera. Los separatistas se resisten a ver la realidad y se esconden en sus propias mentiras para mantener vivo un sueño imposible y que está dejando demasiados daños colaterales.

El proceso independentista se ha basado de principio a fin en las mentiras. Primero dijeron que la independencia era necesaria, que la queríamos todos (un sol poble), que seríamos más ricos, que el mundo estaba deseoso de una Cataluña independiente y que las empresas se iban a pelear por venir.

Después nos dijeron que saltarse la ley era legal si el propósito era justo. Siguieron con el «no defallirem» y el «ni un pas enrere» llevándonos al abismo más absoluto con empresas huyendo despavoridas, el descalabro del sector turístico y del consumo, y una tensión en las calles más propia de la Yugoslavia de los 90 que no fue a más de puro milagro.

Finalmente el un pulso al Estado acabó con una declaración de independencia sin precedentes que no se creía nadie y con los «valientes» escapando con el rabo entre piernas. Una tras una todo mentiras.

Ahora no deja de sorprender ver la cantidad de gente que se muestra indignada por las detenciones del Magistrado Pablo Llarena. Y lo peor es que no es una pose, están realmente indignados, piensan que los detenidos son presos políticos y que los poderes del Estado tienen una fijación enfermiza contra unos hombres que el único delito que han cometido es pensar diferente.

Se han desobedecido las resoluciones de los jueces sistemáticamente, se ha usado dinero público para alimentar el «procés», se ha hecho una votación que pretendía ser un referéndum para romper un país de forma ilegal siendo avisados de sus riesgos por activa y por pasiva, se le ha ordenado a los mossos incumplir las órdenes del juez, se han intentado eliminar pruebas, se ha declarado una república saltándose a la torera la Constitución española, el Estatut de autonomía y las propias normas del Parlament, se han fugado de la justicia cinco de los responsables, etc…

Pero nada, todo eso parece que son «detalles sin importancia», ellos siguen convencidos de que son presos políticos y que están siendo perseguidos por sus ideas, no por llevarlas a cabo al más puro estilo caciquil. Y esto no acaba aquí, cuando la justicia les condene tendremos que verles de nuevo sorprendidos e indignados como si fuera algo totalmente inesperado e injusto.

Nos encontramos con el insólito hecho de que los mismos que amenazaban que no cumplirían la ley, que no la cumplieron y que más tarde se jactaban de lo haberla cumplido, ahora se rasgan las vestiduras clamando justicia y negándolo todo.

Todo esto, que de entrada parece un acto de incoherencia y cinismo al más alto nivel, no deja de ser el resultado de la inoculación permanente de una mentira repetida hasta la saciedad por unos líderes políticos y unos medios de comunicación entregados ciegamente a la causa sin pensar en las consecuencias de sus mentiras. Desde hace meses se está alentando a las masas a salir a la calle, y no hay nada más peligroso que una masa sin control.

A estas alturas, con el líder del «procés» detenido en Alemania, con la cúpula independentista en prisión preventiva o huida cobardemente y con los partidos independentistas divididos e improvisando día a día, alguien debería abrir los ojos y decirle a su tropa que esto se ha acabado.

Es cierto que el independentismo seguirá vivo mientras se siga avivando el odio, pero no es menos cierto que este «procés» ha muerto. Los que lo han azuzado tienen ahora la responsabilidad de asumir su derrota y empezar a encauzar a los suyos antes de que los más radicales tomen las calles y pase algo grave. Lo raro es que todavía no haya pasado con el ambiente que se respira.

Cuando uno juega a algo tan serio y peligroso como es intentar romperlo todo en un país democrático europeo en el siglo XXI sin tener ni la ley ni a las mayorías a su favor y le sale mal, debe tener al menos la gallardía de reconocer su derrota, afrontar sus consecuencias e intentar que no haya desgracias personales.

Hay un trabajo enorme para reconstruir la sociedad catalana que durará posiblemente varias generaciones. Si entre los que nos han metido en esto hay alguien a quien le quede un mínimo de «seny» debe trabajar desde ya en poner puntos de sutura por todas partes y evitar la hemorragia. Basta de mentiras, basta de victimismo y de lamentos, basta.

Goebbels se suicidó junto a su mujer en el bunker de Hitler después de dar una ampolla de cianuro a cada uno de sus seis hijos. Esperemos que los líderes independentistas no sigan el mismo camino y no pretendan acabar con todo. Lo plantearon como un pulso a todo y como era de esperar lo han perdido. Game Over.

Gonzalo de Oro

 

TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: GoebbelsGonzalo de Oroprocés
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