Pablo Planas e Iñaki Ellakuría, en el libro ‘Puigdemont, el integrista que pudo romper España’ (La esfera de los libros) hacen una interesante comparación entre el prófugo de Waterloo y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dos personajes que se aborrecen, pero que se necesitan mutuamente. Uno, para poder seguir en Moncloa, y el otro para poder seguir demostrando que pinta algo en la política tanto catalana como nacional.
«La realidad es que Puigdemont ha demostrado ser un hábil estratega cuyo manual de resistencia es más fiable y eficaz que el de Sánchez, quien ha acabado cediendo a cada una de las exigencias que Junts le fue planteando durante la negociación de la amnistía», argumentan los autores.
Y añaden que «tan o más tramposo que Sánchez e igual de esquivo, desconfiado y ególatra, la diferencia entre el líder socialista y el neoconvergente es que este último no es un descreído de barrio, ni un yonqui del poder sin escrúpulos. Es un integrista catalán que, como todo fanático religioso, encuentra en la utopía – en su caso, lograr la independencia de Cataluña – la justificación de toda una vida malgastada».
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