Muchos catalanes que nos sentimos españoles, que no hay que olvidar que somos más que los secesionistas, nos sentimos profundamente despreciados cada vez que leemos o escuchamos en los medios de comunicación que «Sánchez quiere pactar con Cataluña” o “el Gobierno dialoga con Cataluña” cuando lo que está haciendo el Gobierno central es establecer conversaciones con “los partidos separatistas” o con la “Generalitat”. Muchos periodistas de toda España, por aquello de encajar mejor el titular o simplemente por la voluntad de simplificar acaban dando carta de naturaleza a la minoría por encima de la mayoría.
Porque “Cataluña” no son ellos, los separatistas. “Cataluña” somos la mayoría que queremos que nuestra comunidad autónoma siga formando parte del proyecto común español y no los que desean romper los lazos comunes y buscan la secesión. Una de las batallas en la que los nacionalistas nos llevan una gran ventaja es la del lenguaje. Cada vez que un compatriota de Burgos o de Almería brama contra algún exceso nacionalista exclamando el “¡Estoy hasta las narices de los catalanes!” la ruptura de España está un poco más cerca. Cada vez que un periodista titula una información referente a los partidos independentistas con un “Cataluña pide…” o “Cataluña reclama”, la posible ruptura de nuestra nación avanza.
No olviden que Cataluña es cosa de todos los españoles. Vivan en Cantabria o en Extremadura. Lo catalán no les puede ser ajeno, porque lo catalán forma parte del alma de nuestra España. Por eso no debe decir “estos catalanes” para quejarse de alguna maldad de Junts, de las CUP, de Esquerra Republicana o de cualquier otro gropúsculo secesionista. Diga “estos nacionalistas”. O “estos separatistas”. Pero no nos meta a mí, y a millones de catalanes, en el mismo saco que a Carles Puigdemont, a Oriol Junqueras o a Pere Aragonès, por citar solo tres ejemplos desagradable.
Son muchos los catalanes que queremos a España, porque cuando viajamos por Castilla y León o por Andalucía no nos sentimos extranjeros. Nos sentimos en nuestra casa. Con un padre de Zamora y una madre de Cádiz, y con familia en medio territorio nacional lo mío de ser español no es una “imposición”. Es un hecho sentimental. Con fuertes raíces históricas. Y con una fuerte carga cívica. Porque uno también puede sentirse español no por razones emocionales sino porque vive una democracia madura que tiene una Constitución moderna y avanzada que regula su convivencia.
Yo he nacido en Barcelona. Pero soy extremeño. Y asturiano. Y navarro. Y andaluz. Porque todas estas regiones forman parte de España, y yo soy español. Usted también es catalán. Aunque cada vez que escuche a Carles Puigdemont tenga la tentación de apagar el aparato de televisión o la radio. Él no es Cataluña. Él solo representa a una parte de Cataluña. Y piense que hay muchísimos catalanes que piensan lo mismo que usted, que están hasta las narices de los separatistas.
Necesitamos su apoyo y la de todos los compatriotas para ganar esta batalla. Necesitamos su aliento para intentar revertir una situación muy complicada. Los nacionalistas llevan más de treinta años usando el dinero público para intentar romper los lazos entre los catalanes y el resto de españoles.
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