El despertar

Cuando el domingo por la mañana salí de casa en dirección a los autocares concentrados en Lleida para la manifestación de Barcelona, debo reconocer que no las tenía todas conmigo. La manifestación se había convocado con pocos días de antelación, con unos medios limitados y con una presión política y social que solo si vives en Cataluña y no eres independentista puedes llegar a comprender con toda su intensidad.

En principio, la avalancha de solicitudes para cubrir los autocares hacían presagiar que esta manifestación iba a ser muy diferente a las que veníamos realizando cada doce de octubre aquellos que desde hace años habíamos decidido posicionarnos públicamente en contra del ‘procés’.

Pese a las amenazas de tractoradas, de cortes de las carreteras y boicots, la mayoría de los ciudadanos que tomaron la decisión de dar un paso al frente lo hicieron. Se había llegado al punto de ebullición: años de ser señalados como fascistas, como los malos de la película, como los malos catalanes. Hartos de vivir asfixiados en un entorno donde los medios de comunicación públicos ya son descaradamente órganos de propaganda donde los buenos son ellos y los malos nosotros. Todo ello había llevado a mucha gente que jamás había asistido a ninguna movilización a salir a la calle a reclamar su derecho a vivir en libertad.

Como miembro de la Junta de SCC y como colaborador modesto de la organización de la manifestación, he podido vivir estos días con intensidad, viendo como se calentaba motores y como todo apuntaba a que el 8 de octubre iba a ser un éxito. Pero les aseguro que ninguno de nosotros podíamos llegar a imaginar ni en nuestros mejores sueños la demostración de libertad, ciudadanía y democracia vivida en Barcelona.

No ha sido la típica macro-concentración de las últimas Diadas. Ni manifestantes uniformados, ni planificación milimétrica, ni sectorización del recorrido, ni logística cuidada y ni tan siquiera cánticos bien orquestados. Ha sido una explosión de sentimientos sin orden ni concierto, pero libres, íntimos, personales y diversos. Un baño de independencia, pero de independencia individual, no de independencia de un pueblo, un pueblo que en boca de los oligarcas del Govern se ha convertido en la jaula del individuo.

Después de años de uniformidad en las calles, el despliegue de diversidad vivido ayer ha sido una bocanada de aire fresco. Señeras, banderas españolas y de Europa; ideas, sentimientos y opiniones diversas hermanadas en un grito de libertad, de sensatez y de democracia verdadera. Ha sido el mayor regalo que hoy podíamos recibir los catalanes que estamos hartos de un Govern de la Generalitat ya descaradamente totalitario.

No, hoy Cataluña se ha redescubierto como plural, diversa, rica, catalana, española y europea. Puigdemont, Junqueras y compañía han despertado a la Cataluña dormida. Ayer los ciudadanos dieron un primer paso hacia la inexorable recuperación de las libertades en Cataluña. Mensaje enviado…

Óscar Uceda es vocal de la Junta Directiva de Societat Civil Catalana

 

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