El catalán también es mío

La entidad denominada Plataforma por la Lengua (Plataforma per la Llengua en catalán) ha editado, y comenzado a distribuir, un folleto (uno más entre los miles que debe haber publicado el nacionalismo catalán) llamado ‘El Catalán también es mío. Guía para nuevos y futuros hablantes’.

Antes de entrar en el meollo de la cuestión, me gustaría detenerme en un detalle que, sin ser nuclear, contribuye a la construcción de la realidad virtual en la que pretenden que vivamos, a modo de Matrix a base de añadirle capas a la venda. Esta entidad, gusta de autodenominarse “La ONG del Catalán”. Aunque solo sea a nivel de señuelo propagandístico, plantear que la lengua catalana necesita una ONG dedicada a su defensa es otra falacia demencial para ciudadanos libres que toman por estúpidos.

Primero porque una ONG, como su nombre indica, es una Organización No Gubernamental que no depende, ni jerárquica, ni administrativa ni financieramente de ningún gobierno (aunque pueda recibir subvenciones) y segundo, porque están dedicadas a labores sociales y humanitarias dónde la acción de los gobiernos no llega o lo hace de manera muy tenue y discreta. La lengua catalana es, desde hace casi cuarenta años, no sólo defendida ferozmente (si ferozmente) por todas las instituciones públicas catalanas, organizaciones sindicales, organizaciones empresariales, entidades culturales afines y una larga lista de etcéteras, sino que se ha impuesto de forma forzada y obligada (si forzada y obligada) en diferentes ámbitos de la sociedad catalana tanto públicos como privados (enseñanza, comercio, instituciones públicas, empresas públicas, relaciones laborales, etc.).

Y por si esto no fuera ya suficiente está, además, la vertiente económica. No tengo los datos contables (me refiero a los de verdad) pero, si observamos con un poco de atención (y mucho sacrificio psicológico) el “modus operandi” de la Generalidad en temas de manutención financiera con todas las entidades proindependentistas…. pues eso, que tenemos una regla de tres y sólo hay que despejar la ‘x’.

La introducción ha sido perpetrada por Justo Molinero. No merece la pena ningún comentario.

Cada uno defiende su negocio como puede… o como quiere.

El documento se desarrolla en base a una estructura de preguntas, hipotéticamente realizadas por el ciudadano castellanohablante, y respuestas contestadas por un miembro “asimilado” de la propia organización, es decir, un castellanohablante de nacimiento con núcleo familiar no catalán que, llevado de una bondad y sentido de la justicia extraordinarios, ha decidido utilizar el catalán, únicamente el catalán y nada más que el catalán, como su “lengua de vida”, dejando el uso del castellano – inspiración aznariana – estrictamente para el ámbito familiar. El objetivo es reproducir el modelo lingüístico-social del franquismo, por supuesto, cambiando el rol de las dos lenguas: el catalán debe ser la única lengua institucional, profesional, comercial y social y, el castellano…. un hecho cultural curioso y minoritario, una rémora del pasado.

Durante todo el documento, el afán del “asimilado por hacernos creer que desde que se ha convertido ha alcanzado la felicidad es extremadamente ridículo y patético. El “asimilado” ha encontrado la luz del bien cual apóstol San Pablo caído de su caballo, o como si uno de los argonautas de Jasón acabase de encontrar el vellocino de oro. Resulta ofensivo para cualquier inteligencia por mínima que ésta sea. Han conseguido hipocresía y cinismo en estado sólido. Lo mismo empiezan a venderlo en pastillas cualquier día de estos.

El panfleto -no lo puedo llamar de otra manera- mezcla, en diferentes proporciones, elementos goebbelianos – inventar la realidad, utilizar la mentira como una bola de nieve que se hace más y más grande arrasándolo todo- , y técnicas de ventas del marketing americano de los años sesenta, aún usadas hoy en día. Se intenta inocular en las víctimas, los castellanohablantes, un sentimiento de culpa por no haber adoptado el catalán como su “lengua de vida”, llegando incluso a proponer un autoexamen psicológico, como si esto se debiera a algún tipo de trauma o tara heredada.

Estamos pues, ante un intento más (y van …) de presionar y chantajear a toda la sociedad castellanohablante. Bajo esa dulce apariencia de paternal recomendación, de falsa preocupación por el futuro de la ciudadanía que no se expresa en catalán, como si del consejo de nuestros abuelos se tratase, se esconde, tampoco demasiado, una retahíla de amenazas y advertencias sobre el dudoso presente y el negro porvenir de los que no agachen la cabeza y acaben hablando castellano sólo en la intimidad, y hacernos recorrer así, su mismo camino durante el franquismo. Es como esos niños maltratados que, al ser adultos, se convierten en maltratadores.

Y todo como si de repente les importara que queramos vivir en catalán. La verdad es que, de haber sido cierto en su día, habría sido maravilloso que nos hubieran permitido amar el catalán en vez de pisotear nuestros derechos democráticos, de imponernos y obligarnos a despreciar nuestra lengua materna tratando de aplastarnos con la suya. Habría sido todo tan radicalmente distinto si hubiesen dejado que naciera en nosotros el deseo, no sólo de aprenderlo, sino de usarlo, usarlo de manera voluntaria, por amor y por respeto. Porque ¿existe mejor manera de preservar la existencia de una lengua que la voluntad de la gente de que así sea? ¿Hay algo mejor que amar una lengua para que ésta arraigue en el alma de una sociedad?

Después de casi cuarenta años de franquismo, de discriminación, de marginación si yo hoy fuera catalán, sentiría vergüenza de tener una lengua impuesta.

José Luis de la Calle. Informático


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