El auténtico hacedor del ‘procés’ separatista, Jordi Pujol, cumple noventa años el próximo 9 de junio, tras haberse confirmado hace unos días la sentencia del 3% que demostró el saqueo del Palau de la Música Catalana y el cobro de comisiones por parte de Convergencia Democrática de Cataluña.
El que fue ‘president’ de la Generalitat durante 23 años, y bajo cuyo mandato se construyeron buena parte de las herramientas que han usado los secesionistas durante la actual rebelión separatista, como TV3, Catalunya Ràdio o las oficinas en el extranjero del Govern, celebrará sus nueve décadas en plena rebelión separatista.
Sus herederos ideológicos de Junts per Catalunya han desarrollado durante la epidemia más grave que ha padecido el mundo en el último siglo la teoría que «España nos mata», dado que han defendido que con Cataluña como una república independiente el número de muertos por el COVID-19 hubiera sido mucho menor.
Esta teoría también es defendida por los que aspiran a suceder a los neo-convergentes como ‘pal de paller’, el eje, de la política catalana: Esquerra Republicana. La consejera de Salud, Alba Vergés, de ERC, ha sido una firme defensora de estos postulados.
Durante la pandemia ha habido separatistas que han desafiado el confinamiento para poner lazos amarillos, para quemar contenedores, para prender fuego a una estación de metro, para manifestarse contra la UME en Gracia o ante la prisión de Lledoners.
No solo eso, han proliferado los mensajes de la ANC y otros grupos secesionistas a preparar movilizaciones separatistas para cuando se levante definitivamente el confinamiento. Los más de diez mil muertos causados en buena parte por la desastrosa gestión de la Generalitat en sanidad y las residencias de ancianos no ha hecho recapacitar al sector más radical del independentismo.
El ‘nation building’ que Jordi Pujol inició desde la Generalitat en 1980, tras ganar las primeras elecciones autonómicos ha llegado a su fase final: la rebelión total contra el resto de España. Ya tiene a miles de fanáticos dispuestos a jugarse el tipo; a 17.000 policías con unos mandos que prefieren mirar hacia otro lado ante la agitación separatista; el control de la mayoría de instituciones (Generalitat, ayuntamientos, diputaciones y consejos comarcales) que vierten centenares de millones de euros hacia la causa independentista; una sociedad civil mayoritariamente comprada o temerosa de hablar; unos sindicatos sobornados e inoperantes y unos medios de comunicación sumisos.
Comentario editorial de elCatalán.es
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