Al principio del COVID-19, a las 8 de la tarde, eran cientos de miles las personas que salían a los balcones para aplaudir el esfuerzo de médicos, enfermeros, auxiliares de enfermería, celadores, personal de limpieza y mantenimiento, etc. que se enfrentaban al contagio protegidos con mascarillas quirúrgicas y con plásticos y bolsas de basura transformadas en “equipos de protección” que se hacían ellos mismos.
Había un sentimiento de solidaridad, quizás porque había también un sentimiento de riesgo de acabar en una UCI y por tanto depender de sus ímprobos esfuerzos por salvar vidas sin tener en cuenta el agotamiento, los horarios ni desde luego los días festivos ni de vacaciones.
Después vino la demanda social de que los gobiernos nacional y autonómicos reconociesen el esfuerzo y que los recompensasen económicamente, lo cual se hizo solo para cubrir el expediente y dejarlos después igual que antes.
Tras la segunda ola, quizás por la soberbia de nuestros gobernantes, no se renovaron los contratos al personal sanitario que había reforzado el sistema durante lo más duro de la pandemia. Seguramente hoy el sentimiento de que las varias dosis de vacunas recibidas nos protegen de los peores efectos de las diferentes variantes del virus y el dar por bueno que si nos contagiamos vamos a tener “síntomas leves” hacen que el sentimiento de solidaridad con todos los integrantes del sistema sanitario se vaya diluyendo y que, como muchas otras cosas, el sobre esfuerzo con el tiempo pasa a ser percibido como algo normal, sin que tengamos en cuenta que si antes era por la virulencia del COVID, ahora lo es por la falta de personal.
Hemos pasado de salir a aplaudir, a después exigir un reconocimiento, para ahora callar frente a la grave situación en la Asistencia Primaria, a que no se cubran las bajas en los hospitales, etc. mientras que, salvo los que se han ido a trabajar a otros países, los que estuvieron reforzando el sistema sanitario con contratos precarios pero dándolo todo en los peores momentos ahora están sin trabajo y algunos ya han agotado la prestación por desempleo.
Si a esa pérdida de solidaridad le añadimos que las CCAA no han utilizado la totalidad de los fondos que se les adjudicaron para hacer frente al COVID, me pregunto si como sociedad, empezando por los gobernantes, pasando por los políticos que están en la oposición, los sindicatos y colegios profesionales y acabando por los ciudadanos de a pie, si no somos unos veleta que solo pensamos en el momento presente en lugar de preocuparnos por tener un sistema sanitario eficaz, con suficiente personal y bien remunerado, aunque eso si, no nos cansamos de repetir que es uno de los mejores del mundo…. Yo creo que tenemos los mejores profesionales del mundo, pero hoy el sistema sanitario ya no es el que era.
Miguel-Ángel Ibañez
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