Esta semana me gustaría analizar el desastre de acción exterior y diplomática generalizada por parte del Estado ante las acometidas y manipulaciones del sector político independentista en diferentes países, muchos de ellos con fuertes vínculos económicos, culturales o emocionales.
Para ello utilizaré las vivencias de mi compañero en Politeia François Meylan, el cuál realiza más acciones en Suiza contra el lobby independentista que el cuerpo diplomático en su conjunto.
Como están publicando varios medios de comunicación en España, François y la asociación que preside (Catalogne Peuple d’Espagne) han evidenciado en Suiza las manipulaciones e impunidad del lobby independentista catalán además de sus subvenciones económicas «oficiales».
Parece extraño que la Generalitat de Cataluña tenga capacidad económica para organizar un entramado internacional de colaboradores «subvencionados», políticos o no, y el Reino de España con un presupuesto exponencialmente superior se deje meter tantos goles a diario.
La dejadez de funciones es la primera opción como pudo observar François este fin de semana en el Salón del Libro de Ginebra (Suiza) en el que la periodista Mireia Doménech Bonet (Periodista especializada en relaciones y comunicación internacional. Actualmente vive en el Bodensee, en la frontera germano-suiza. En los últimos 15 años ha trabajado de asesora de comunicación corporativa para organizaciones públicas y privadas tanto a nivel europeo como español y catalán – según su reseña en Diario 16 – ) presentaba a bombo y platillo (con su foulard amarillo larguísimo) el libro denominado ‘Le choix de l’ indépendance en Catalogne. Regards croisés d’acteurs et d’experts’.
No cabe decir que la única actora y experta era ella y que el discurso anti español sumado a la moda de ropa amarilla prevalecía sobre cualquier análisis discrepante o discordante del discurso oficial.
Todo ello en el pabellón asignado a Barcelona en dicho Salón del Libro al mando (por lo visto) del Centro catalán de Lausana – Ginebra (subvencionado y coordinado por la propia Generalitat de Cataluña).
Valorando que las páginas web son públicas y que cualquiera sabe que discurso oficialista van a dedicar a España, ¿es muy difícil activar a algunos de los aproximadamente 73.000 españoles que viven en Suiza? ¿O son todos independentistas? ¿Alguien de la embajada o de los consulados podría pasarse por estos eventos y discrepar al menos?
O puestos a aportar ideas en positivo, se podría enviar la información de estos eventos anti españoles a las casas regionales o asociaciones culturales de españoles en Suiza. Seguro que alguno se pasa por allí y les desmonta la versión única que quieren imponer. En serio, ¿el Estado es incapaz de organizar algo mínimamente serio para evitar o replicar estos desprecios continuos a España y que se realizan en eventos muy importantes como el aquí expuesto?
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