Es sorprendente lo fácil que es para algunos catalogar a la gente desde un prisma subjetivo, maligno y pernicioso. Pensando que, usando el victimismo y la irrealidad, lograrán imponer su imaginaria visión bananera.
El lacismo, con una esperpéntica desfachatez despectiva, nos tiene habituados a la viciada descalificación de todo aquello que suponga la defensa de los postulados constitucionales. Soportamos sus improperios sin inmutarnos mientras ellos aceptan, por ejemplo, alardeos de los autodefinidos antifascistas sabiendo que son los verdaderos fascistas.
Esta asumido convivir con términos malintencionados que van evolucionando. Por ejemplo, el “trifachito” a la andaluza ha pasado a ser “cuatrifachito”, incluyendo a dCIDE. Partido político que ni posiblemente conozcan, salvo saber que son, desde la izquierda ideológica, defensores de la unidad. Supongo que para esos pestilentes les será fácil ir sumando, añadiendo en su descalificación todo aquello perfumado de la legalidad constitucional y, por tanto, haya sido vetado y calumniado en sermones dominicales, escolares o de los medios del Régimen.
En estas latitudes no usamos el diferencial derecha/izquierda. Se encasilla a los partidos por su alineamiento con el separatismo. Llegando a producirse curiosas mutaciones por el cambio de eje, como la de esa derecha catalanista convergente que hoy da voz al fascismo radical rupturista, tan próximo a los antisistema.
Para ganarles la batalla conviene empezar desde abajo, desde la administración más próxima al ciudadano. Por eso este domingo debemos recobrar nuestro Ayuntamiento. Que el separatismo pierda Barcelona como vedette de su espectáculo les hará mucho daño. Debemos llegar a sumar 21 concejales defensores del constitucionalismo y que la lista de Josep Bou tenga la presencia determinante que el centro derecha no nacionalista merece en el consistorio. Somos, porque me incluyo al estar en dicha lista popular, la mejor garantía para frenar a los separatistas.
Votando a Bou darás el primer paso para corregir humillaciones como es el paseíllo de golpistas por Congreso y Senado. Que inductores, planificadores y líderes del golpismo disfruten revolcándose en purines, o su propio estiércol, no nos obliga a tener que aguantar su hedor en las instituciones, deseándoles una meditación carcelaria de varias décadas. Nuestras Cámaras deben blindarse ante los enemigos de la nación. Ya estamos tardando en rehacer la ley electoral fijando un mínimo nacional que dilapide cualquier posibilidad de tener que soportar ese detritus que, para colmo, tiene ahora como objetivo visitar el Palacio de la Zarzuela.
Ganar Barcelona es el primer paso.
Yo, con Bou.
Javier Megino
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