Cuando se presta juramento o promesa de defender España mostrando a su vez el máximo respeto a la Bandera y al Himno de nuestro país, está claro que no sólo se hace referencia a los militares y tropa profesional con todo lo que ello conlleva, también al resto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que tenemos en el Estado.
Y si se han recibido distinciones relacionadas con esa defensa y ese respeto es porque se supone una obviedad: la lealtad a los principios constitucionales y al ordenamiento jurídico establecido en nuestra Democracia, una de las más avanzadas del mundo.
Muchos Mossos d’Esquadra, en la mayoría de los casos mandos de la escala superior y ejecutiva, aunque también de las escalas básicas e intermedia, han recibido a lo largo de estos años de despliegue por el territorio condecoraciones honoríficas, algunas de ellas acompañadas de pensiones vitalicias (medallas pensionadas). Imponer esas medallas no ha servido tampoco de mucho cuando el “procés” se ha llevado por delante a gran parte de la cúpula que lucía en sus uniformes de gala numerosas y variopintas distinciones.
La ilusión de aquel despliegue al que hago referencia, de una policía joven e integral, con una formación exquisita y referencia en muchos países de Europa, llevado a cabo en sólo 14 años (del 1994 al 2008) no está teniendo un final feliz por los motivos que todos sabemos, motivos a su vez evidentes y que no hace falta recordar.
El “procés” ha visto como el mismísimo poder judicial dejaba de confiar en los Mossos d’Esquadra en ciertos momentos de máxima tensión, gracias a la obediencia de esa misma cúpula defenestrada a otro poder: el poder político de la Generalitat. Un Estado de Derecho como el nuestro no puede permitirse el lujo de tener unos profesionales de la seguridad pública en los que siguen existiendo dudas evidentes en caso de volver a revivir otro “otoño caliente”.
Un juez de Cornellà de Llobregat tuvo claro esa supuesta pasividad para impedir el referéndum ilegal del 1-O. La forma de actuación y decisión de aquella Prefactura de Mossos puso en jaque al resto de la organización, padres y madres de familia que jamás han querido politizar su trabajo, el trabajo de policía autonómica.
A partir de ahí, todo lo relacionado con el cos de Mossos y el “procés” ha estado en el ojo del huracán por no “ajustarse a derecho” en múltiples ocasiones que desprendían un cierto tufo a una mano negra, esa mano que todos sabemos de dónde viene y que sigue instalada en su relato ficticio e imposible.
Una lástima ver cómo se ha echado por tierra el sacrificio y el trabajo de tantos profesionales que, ante todo, han sido siempre neutrales y comedidos en su trabajo diario aplicando los principios básicos de actuación policial en todo momento.
No obstante, la infiltración de la política y la imposición de ciertas ideas que no representan a la mayoría de la sociedad catalana y que han roto esa misma sociedad en dos es el plato diario en muchas de las comisarías de la policía autonómica a lo largo del territorio, infiltración que llega al extremo de enfrentamientos verbales del tipo: “Bon vent i barca nova espanyols”, “auè faràs quan siguem independents, fotaràs en camp del cos de Mossos…?”.
Este es un breve resumen de la tensión que se respira y que muchos intentan ocultar o minimizar, pero a buen entendedor, pocas palabras bastan…
Benjamín Naranjo Luna. Vocal de POLITEIA
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