El suicidio asistido de TV3

Estudios de TV3 en Sant Joan Despí

Estudios de TV3 en Sant Joan DespíComentario editorial de elCatalán.es

TV3 es la prueba de cómo en una democracia occidental se utilizó una televisión para manipular a millones de personas y convencerles, en pocos años, que saltarse las leyes, ignorar a la mitad de sus convecinos y despreciar al resto de compatriotas del resto de España era el mejor camino para ser respetados en el mundo.

TV3 ha sido la principal herramienta de la coalición CUP – ERC – PDeCAT para señalar a los ‘buenos’ y ‘malos’ catalanes. No solo ha sido TV3, porque Catalunya Ràdio y el resto de emisoras de radio y televisión de la Generalitat – tal vez solo se salve Catalunya Música al ser una emisora que solo emite música clásica – han sido elementos de agitación en manos de estos partidos, pero dada su mayor importancia dentro del panorama comunicativo sí que ha sido el más eficaz.

En los noticiarios, tertulias, programas de entretenimiento o de sátira política quedaba claro cuál era la ideología que ‘convenía’ a Cataluña y cuáles eran señaladas como perjudiciales. Había un camino ‘correcto’ y todos los demás eran incorrectos y, algunos de ellos, demoníacos.

Los partidos que gobernaban la Generalitat prometieron que el proceso secesionista no tendría costes económicos. Que la Unión Europa se rendiría a sus pies porque Europa no se podía permitir el lujo que Cataluña estuviera fuera del club comunitario. Qué el Gobierno catalán tenía creadas las ‘Estructuras de Estado’ para garantizar que la secesión sería rápida y eficaz.

Nada se cumplió, pero nada de esto fue analizado en TV3 ni en sus medios aliados con un mínimo de rigor y objetividad. Porque la realidad no iba a impedir que el mensaje de los pastores llegara a sus feligreses. Y el camino a Itaca no admite disidencias ni, mucho menos, la verdad.

En TV3 y en el resto de cadenas de la Generalitat se han hecho cosas que si se hubieran emitido en otras televisiones públicas del resto de España se hubiera armado un cataclismo político. Un reportero se ha subido al capó de un coche destrozado de la Guardia Civil a dar saltitos. Un presentador de un programa de prime time vestía una camiseta de apoyo a un referéndum ilegal. Un prófugo de la Justicia ha emitido su mensaje de fin de año como si nada hubiera pasado. Una colaboradora quemó un ejemplar de la Constitución española y desde ese momento aumentó exponencialmente sus apariciones – y su remuneración – en los medios públicos. Un entrevistador llamo a un terrorista convicto por asesinato ‘Gran reserva del independentismo”.

Hace tiempo que los medios de la Generalitat han perdido su condición de servicio público. En la democracia española, desde Suárez hasta nuestros días, y tanto en RTVE como en las televisiones autonómicas, siempre ha habido cierto nivel de influencia gubernamental, con mayor o menor intensidad según los dirigentes de turno.

Pero lo que se ha vivido en Cataluña en los dos últimos años no tiene parangón. Es como si un virus se hubiera extendido por Sant Joan Despí y hubiera nublado la mente de sus profesionales. No quieren darse cuenta, o les importa un comino, que cuándo la tormenta política baje el prestigio que han perdido TV3 y Catalunya Ràdio nunca lo recuperarán.

Más de media Cataluña les considera medios basura, herramientas totalitarias al servicio de una ideología que ha decidido excluir a millones de ciudadanos de la condición de ‘buenos catalanes’ o de ‘catalanes’ a secas.

TV3 y Catalunya Ràdio ya no tienen futuro como medios de comunicación públicos, porque millones de catalanes ya no creen en su utilidad. Ha sido, sin duda, un magnífico ejemplo de suicidio asistido con la ayuda del Govern.


ElCatalán.es ha iniciado una campaña de crowdfunding para editar un libro dedicado a analizar y denunciar el adoctrinamiento escolar en los centros educativos en Cataluña. Los interesados en ayudar económicamente para poder sacar adelante este proyecto pueden hacerlo en este enlace.

Los partidos secesionistas han decidido que las escuelas catalanas no han de ser centros de educación, sino de adoctrinamiento escolar, en el que crear futuros votantes de la República catalana que ansían crear. Para eso no dudan en intentar utilizar las aulas para sus fines.

Este libro hablará con profesores, padres de alumnos y miembros de entidades cívicas constitucionalistas para denunciar la manipulación de la Generalitat en el ámbito escolar.

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