Los cachorros de ERC, sus juventudes, han homenajeado en las redes sociales a los hermanos Badía. Hace tiempo también lo hicieron Junqueras, Torra y unos cuantos más. De forma recurrente, a finales del mes de abril y primeros de mayo, sectores del independentismo radical airean las heroicidades pistoleras de los Badía.
Poco les importa que Miquel estuviese implicado en el complot de Garraf que intentó asesinar a Alfonso XIII, que él y su hermano dieran el “paseillo” a unos cuantos sindicalistas de la CNT, o que organizaran milicias paramilitares, con estética fascista, para reventar manifestaciones y huelgas obreras.
A Miquel Badía le llamaban «Capità Collons», y preconizaba la vía insurreccional para llegar a la independencia. Pasan los años, y no sólo los indocumentados mozalbetes de la ERC idolatran a aquellos pistoleros fascistoides, si no que, como guinda del pastel, Joan Maria Piqué –jefe de prensa del Conseller de Interior Buch- amaga en twitter con la lucha armada, acogiéndose a la libertad de expresión.
Se monta el lío, Buch relativiza el tema mientras otros miembros del Govern se hacen los distraídos. En este país algunos se han vuelto locos reverenciando a pistoleros o glosando la insurrección armada. Joan Maria Piqué borró el tuit con la pretensión de zanjar el tema. Pues no, quienes desde las alfombras de Palau y los efluvios del Pati dels Tarongers incitan, directa o indirectamente, a la violencia merecen ser castigados.
Y lo merecen por partida doble; porque no es de recibo la exaltación de la violencia y porque hay que tener algo del alias de Badía: collons. Sí, “collons” para no esconderse tras las faldas de Buch alegando malas interpretaciones y también para cesarlo.
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