Cuentos de Navidad

Ha sido repetida hasta la saciedad, versiones en dibujos animados, clásicos en los años cuarenta, también variaciones como “Qué bello es vivir” de Frank Capra; otras protagonizadas por grandes actores de los sesenta y setenta, los Teleñecos tienen su versión, hasta hay una de Bill Murray, estilo los Cazafantasmas, con Miles Davis tocando en la calle y Robert Michum haciendo de financiero cruel. “Cuento de Navidad” ha sido convertido en un referente de la narración navideña, su bondad y su camino de iniciación, también las trampas del egoísmo, la lucha entre la solidaridad y el egoísmo capitalista; aquellos fantasmas de las navidades pasadas, presentes y terriblemente futuras.  Hoy nos servirán para ver a esa Catalunya convertida en el simbólico señor Scrooge…

El fantasma de las navidades pasadas  sería un señor bajito, calvo y con la cabeza ligeramente torcida, mitad “botiguer de cansaladeria” [tocinero] mitad pequeño maestro Jedi. Nos cogería de la mano llevándonos a un pasado reciente, dónde el catalanismo se enajenó de resentimiento, mojando al Gremlin y convirtiéndolo en lo que hoy es: Televisión pública fanatizada (…y muy cara), enseñanza doctrinaria, “estructures/subvencions de estat?”, pactos con la progresía socialista de los dorados ochenta, que le dio financiación; trapicheos con la derecha doctrinaria de la Meseta y negocietes en el Hotel Majestic… ¡Qué “boogie nights”!  Se construyó un proceso de odio, anclado en viejos resentimientos culturales, más imaginarios que reales, imprimiendo un complejo de inferioridad en el inconsciente colectivo de Catalunya.

El viejo fantasma nos muestra, señalándonos con el dedo indice,  a sus petulantes herederos y como se asustaron con la crisis, como el Artur, el Francesc y otros se invistieron en Apóstoles del “Procès”, todo para atravesar la tormenta del caos económico, el agujero negro del 3% y algún legado envenenado más del President Pujol.

La fantasma de las navidades presentes en cambio es una pizpireta chica morena, con un ligero acento jerezano, nos muestra un gigantesco y onírico televisor (es lo que tienen los sueños navideños, se parecen a un viaje lisérgico…) en el que se ve a las empresas que se van, el desdén de Europa, nuestro propio ridículo, los políticos encarcelados, la policía nacional cargando a destajo (como casi siempre), las manifestaciones bochornosas y las “huelgas generales” organizadas por la administración…

El 26 de octubre todo llegó a su cenit, el máximo nivel “surréaliste” del independentismo, luego una declaración de cuento de hadas con rostros desencajados y  lastimeros. Más tarde la alucinada fuga juvenil a los bosques de Flandes (como siempre, cuando el adolescente  se queda sin dinero vuelve a casa de papa) y la dureza de la cárcel, el sueño de una relación bilateral con Bruselas convertido en manifestación neurótica de calçotada y autocar. Más tarde campañas dónde se venden imaginarios, pero sin tener ni idea del coste de un ambulatorio, algunos tampoco la tienen del número de parados que hay en Catalunya…

La fantasma nos dice, profeticamente, mientras agita una melena singularmente morena, “el único proyecto político que el independentismo catalán ha hecho grande se llama Ciudadanos”, y luego se marcha riéndose.

Nuestro Ebenezer Scrooge catalán pasea por el triste páramo, mitad Sierra de Collserolla mitad paisaje ampurdanés de Dalí, y ve en la lejanía de brumas la presencia del fantasma más temido, el del futuro. Entre esas brumas convertidas en niebla blanquecina, aparecen unas tonalidades marrones, madera rugosa, el fantasma del futuro resulta ser un Tió gigante con cara de cabreo. Este, más bien, refunfuña, si no le miran hace lo mismo y si le ponen la mantita y lo cuidan también. Vamos que siempre está cabreado y resentido, esperando que alguién le castigue y le pegue, extraño  Sacher-Masoch navideño que también caga. No vamos bien.

Nos damos cuenta que el futuro será bastante peor, no por trágico si no por miserable, vamos a un futuro de insignificancia, todos los catalanes, los unos y los otros. Las sociedades son conjuntos de ciudadanos, no fantásticas tribus idealizadas.

Aún podemos cambiar el futuro, no hay determinismo, aún Sgrooge puede ver amanecer, compartir el pavo más grande y celebrar la vida. Para ver la salida basta con escuchar a  algunos grandes catalanes y conjugar los puentes tendidos de Vicens Vives y el solo un pueblo catalán de Candel. Hispania es una [email protected] [email protected] que le cuesta hacer amigos y se enfada consigo misma, sólo le queda la conllevanza de Ortega y Gasset. Aguantarnos todos, vamos.

Y la política catalana cada día se parece más a “Els Pastorets” obra icónica de las navidades comarcales, pero en guiñol (con su manita invisible y eso)  y mucho humo, un procés de “fum, fum, fum” y muchos gritos de la chiquillería de “dolent, dolent!”al pobre demonio con leotardos.

 


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