
«Ni después de asesinado lo dejaron tranquilo. Ese es el espíritu de quienes pretenden erigirse ahora con la antorcha de la libertad y la democracia. Como si no los conociéramos. Muchas familias hemos tenido que dispersarnos tras el asesinato de alguno de sus miembros. Muchas familias tienen todavía secuelas y continúan sufriendo amenazas y extorsiones solapadas en todo tipo de acciones de limpieza étnica, no sólo en el País Vasco, pues el odio se ha ido contagiando, con el beneplácito de algunos, antaño apoyando a las víctimas y hoy loando a los victimarios.
La «Cartografía del odio» elaborada por el equipo de Maite Pagaza desde el Parlamento Europeo muestra la extensión de esa lacra, a la que creíamos estábamos desterrando, reclamando no odio o rencor, sino Justicia (de esa con mayúsculas). Pero no. Fuimos tan generosos que ni tan siquiera por vía jurisprudencial admitimos la «democracia militante» como frontispicio de nuestro sistema, para evitar que lo que pasaba se pudiera ir repitiendo. Fuimos tan generosos que, además de la amnistía de 1977, admitimos la vuelta a la legalidad, es decir, la integración en el sistema de aquellos que nos mataban por defenderlo, porque era un sistema democrático que pretendía cerrar los odios y contar con todos, incluso con los que no cejaban en intentar destruirlo.
Pero una cosa es integrar en el sistema a quien, al menos formalmente, aceptara las reglas del juego y otra es entregarles los resortes de futuro. Eso no se sostiene en democracia. Porque es el germen para culminar la destrucción que desde siempre han pretendido. Lo que denominábamos el nido de la serpiente ha ido extendiendo sus galerías hasta emerger en las más altas instituciones públicas. Y éstas, lejos de defenderse, les abren las puertas.
Julio ha sido un mes aciago desde hace lustros. Y precisamente en julio, ahora que estamos todavía inmersos en el dolor cívico que provocan los apoyos gubernamentales a tales afrentas, nos encontramos con que todo ese entramado, gestado no sólo en suelo español sino con ramificaciones que nos van a tener que explicar clarito para entender determinadas cosas, redobla sus acciones para atenazar mejor a todas sus víctimas, que no somos sólo quienes sufrimos los ataques en carne propia sino la sociedad silente entera».
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