En breve se conmemorará el terrible atentado del 17 de agosto de 2017 que conmocionó a la opinión pública del mundo entero cuando el yihadismo segó la vida a un gran número de ciudadanos en la Rambla de Barcelona.
En los días subsiguientes, conmocionada aún la población de Barcelona, no fue capaz de prestar atención a las voces que advertían acerca de la miserable intención de los separatistas de utilizar el anunciado funeral del día 26 en el que había de participar Su Majestad, Don Felipe VI como trampolín propagandístico de su aversión al Jefe del Estado y a todo aquello que suponga la presencia de las Instituciones del Estado en la vida de Cataluña.
De modo que ajenos a todo lo que no sea su obcecación sectaria y obsesiva, los separatistas conformaron un muro de banderas de su partido como fondo a las imágenes del Rey y demás autoridades, además de gritar y silbar sin respeto al acto ni a su simbolismo.
Sobre la consternación del dolor sufrido por las muertes de las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils, se sumó la amarga humillación por la hortera y despiadada utilización del dolor por parte de los separatistas. Era la sal sobre la herida. Como la risa de los terroristas de ETA que afirmaron: “Vuestras lágrimas serán nuestra alegría”. El odio en su esencia.
Cuando desaparece el humano sentimiento de empatía con el dolor de las víctimas, se pone en evidencia la degradación más absoluta del ser humano. Cuando se manipula el homenaje a los muertos para usarlo en defensa de ideologías de odio, también.
Es muy posible que el Rey visite de nuevo Barcelona este mes de agosto, cuando se cumple el primer aniversario del vil atentado. Es necesario que lo haga.
Los catalanes que amamos España como patria irrenunciable, necesitamos que el Monarca, como Jefe del Estado nos dé su apoyo y nos ayude a borrar de nuestro recuerdo aquellas imágenes de ofensa y desprecio que los fanáticos imprimieron hace un año.
Parafraseando a Gabriel García Márquez, estamos ante la crónica de una burla anunciada y por lo tanto nos damos por advertidos. Quieren volver a repetir el abucheo al Rey como parte de su chou mediático para engañar al mundo con su historia victimista.
No podemos permitirlo. Los catalanes que deseamos vivir en paz en la tierra que nos vió nacer, debemos formar un muro de apoyo al Rey y de rechazo a los que nos quieren imponer su desquiciada visión de la historia.
Cuando el Monarca de todos los españoles venga a Cataluña a rendir honores a los mártires del yihadismo, solo esas víctimas y sus familiares serán merecedores de la atención mediática, no los fanáticos separatistas, por más sonrisas de alcaldes o actitudes tolerantes que consigan por parte de los que debieran neutralizar esos abusos.
Xavier M. Codorníu

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