La gestión de la crisis de la peste porcina en Cataluña ha puesto de relieve, una vez más, la lentitud y la falta de previsión del Govern autonómico. Mientras la preocupación crece entre el sector ganadero, la respuesta del ejecutivo se ha demostrado insuficiente y tardía. La sanidad animal, un pilar esencial para la economía catalana, parece no ser una prioridad para los responsables políticos en el Palau de la Generalitat.
La imagen más preocupante es la del máximo responsable, el conseller de Sanidad, Salvador Illa, de viaje en México en el punto álgido de la emergencia. Este hecho simboliza un liderazgo ausente y una desconexión palpable con la realidad del sector primario. Un presidente en un momento de crisis sanitaria grave proyecta una imagen de irresponsabilidad institucional que difícilmente podrá ser olvidada por los afectados.
La alarma entre los ganaderos es máxima. La peste porcina africana es una amenaza real que, de no controlarse con la debida diligencia, podría provocar un desastre económico de enormes dimensiones. Se esperaban medidas drásticas e inmediatas, pero solo se han encontrado con la burocracia habitual y un ritmo de reacción exasperantemente lento. El Govern ha fallado en la anticipación.
Las críticas a esta inacción han llegado con dureza desde la oposición. El Partido Popular de Cataluña (PPC) ha denunciado con vehemencia la falta de diligencia del Govern. Los populares señalan que la ausencia de Illa no es sino la punta del iceberg de una gestión caótica y despreocupada. Acusan al ejecutivo de estar más centrado en las cuitas políticas internas que en los problemas reales que afectan a la producción y la economía catalanas.
Por su parte, VOX en Cataluña ha elevado el tono de la crítica, calificando la situación de abandono total del campo. Desde la formación de Santiago Abascal se apunta a una supuesta ineficacia estructural del Govern, incapaz de proteger un sector clave como es el porcino. Sus portavoces han exigido explicaciones urgentes y han puesto en duda la capacidad de los actuales gestores para afrontar retos serios.
Es un patrón que se repite: ante una crisis que exige liderazgo firme y acción rápida, el Govern demuestra una preocupante parálisis. La excusa de la complejidad administrativa ya no es válida. Los ciudadanos y los profesionales del campo merecen un ejecutivo que esté a la altura de las circunstancias, con los responsables al pie del cañón.
El Govern debe rectificar de inmediato. Debe dejar de lado la política de gestos y aplicar, sin dilación, las medidas necesarias para blindar la cabaña porcina. La oposición tiene razón en señalar la negligencia en este caso. Es hora de que el ejecutivo asuma su responsabilidad y ponga los intereses de Cataluña por delante de cualquier agenda personal o partidista.
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