La gestión de Núria Parlon al frente de la Conselleria de Interior de la Generalitat ha generado crecientes dudas entre expertos, sindicatos policiales y ciudadanía. Aunque su discurso institucional promete más recursos y una apuesta decidida por reforzar la seguridad, lo cierto es que la situación en Barcelona y su área metropolitana muestra señales preocupantes de deterioro, especialmente en cuanto a la visibilidad y eficacia del cuerpo de los Mossos d’Esquadra.
El despliegue policial sigue siendo insuficiente en los barrios más conflictivos de la capital catalana y de las ciudades de su corona metropolitana. La presencia de patrullas es cada vez más intermitente, y los delincuentes han aumentado su presencia, lo que ha motivado una agria reacción ciudadana en localidades como Terrassa, Sabadell o L’Hospitalet de Llobregat. Algunos barrios de Barcelona, como La Barceloneta o el Raval, son un polvorín.
A pesar de las múltiples declaraciones en las que Parlon asegura estar trabajando en la ampliación de la plantilla y la mejora de medios, la percepción general es que sus medidas no están teniendo un impacto tangible en la calle.
Uno de los proyectos estrella de la consejera ha sido el plan integral contra las armas blancas, con el que se busca reducir el número de incidentes violentos relacionados con su uso. No obstante, la aplicación del plan ha resultado precipitada y desorganizada. Las más de ocho mil sanciones impuestas en pocos meses han terminado por colapsar los mecanismos administrativos del departamento, sin que ello se traduzca en una disminución clara de los delitos.
Dentro del propio cuerpo policial, el malestar es evidente. Los sindicatos critican la falta de liderazgo, la ausencia de una estrategia coherente y la gestión errática de dispositivos especiales. Las actuaciones de Parlon y su equipo ha dejado entrever una improvisación alarmante en operaciones sensibles, con los agentes asumiendo la presión de decisiones políticas que no van acompañadas de una planificación técnica adecuada.
En paralelo, la consejera ha intentado capitalizar pequeños logros como la disminución de delitos durante eventos puntuales. Sin embargo, estos resultados han sido posibles gracias a operativos extraordinarios que no se sostienen en el tiempo. Lo que falta es una política estructural que garantice presencia policial permanente y capacidad de respuesta ante el delito cotidiano.
Llama también la atención que, mientras insiste en ampliar competencias y asumir nuevos retos, Parlon no haya logrado consolidar un despliegue aceptable en los distritos más vulnerables. Su gestión parece más enfocada en generar titulares que en resolver los problemas reales de seguridad que afectan diariamente a miles de ciudadanos en Barcelona y el área metropolitana.
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