El accidente nuclear de Chernóbil, que sucedió el 1986 en Ucrania, es considerado como el desastre tecnológico más grave del siglo XX. Si han tenido la suerte de leer el libro documental “Voces de Chernóbil” o, en menor medida, la serie homónima producida por HBO sabrán que dicho accidente ocurrió tras una serie de errores humanos y mecánicos concatenados. Pero que la calamitosa gestión del accidente solamente se debió a errores de políticos que, en todo momento, pretendían esconder el problema o expulsarse toda responsabilidad. Y me perdonarán, pero en este confinamiento del Segriá no puedo evitar pensar que estamos ante las mismas actitudes.
El viernes, 3 de julio, la consellera de Sanidad vino a inaugurar un hospital de campaña para reforzar el hospital Arnau de Vilanova. Pidió a los ciudadanos que extremásemos las medidas individuales (“Si organizamos una cena de amigos, mejor que sea reducida, cuantas menos personas, mejor») y reclamó que aquellos usuarios que pertenecen a la Franja (los cuales representan un 10% de los que recibe el Arnau de Vilanova) fueran enviados al Hospital de Barbastro para «destensionar» el centro médico. Aún y así descartó el confinamiento selectivo de ninguna zona de la provincia: “No estamos en una fase de crecimiento exponencial de casos y los estamos detectando antes”.
Pero al día siguiente, 4 de julio, ni 24 horas después de esa llamada a la calma, el presidente de la Generalitat decretaba el confinamiento del Segriá. En base a un informe que no ha visto nadie. Ni el alcalde, al que por lo visto tampoco llamó. Un confinamiento que no ha ido acompañado de medida sanitaria alguna. Dentro de nuestra comarca podemos seguir haciendo vida normal, siempre y cuando no nos atrevamos a molestar a la gente del exterior.
Ya no es la falta de información galopante que nos están imponiendo. Ya no es la descoordinación entre 4 administraciones (ayuntamiento, consell comarcal, diputación provincial y Generalitat) que gobiernan los mismos partidos. Ya no son las contradicciones en las que entran todos estos gobiernos al gestionar esta crisis. Es el desprecio con que nos tratan: a los vecinos de Lleida se nos puede ignorar, se nos puede mentir y se nos puede encerrar sin explicación adicional alguna. Como si fuéramos ratas de laboratorio.
Porque nos están diciendo que las únicas medidas que vamos a recibir son las nuestras propias: la responsabilidad individual, las mascarillas y el lavarse las manos. Sin recursos ni material y lavándonos las manos es como tenemos que combatir los rebrotes virulentos y los contagios constantes que estamos viviendo. Y mantener negocios y empresas a flote. Todo por no haber actuado con valentía y haber realizado los confinamientos selectivos de aquellas personas o colectivos susceptibles de ser tratados de alto riesgo. Estaban informados. Sabían que iba a suceder. Y sin embargo no tomaron unas medidas que sí se están aplicando en brotes muy parecidos en países como Alemania. Por miedo. Por cobardía.
En Chernóbil más de 600.000 personas, entre bomberos, ingenieros, militares, policías, mineros, y personal médico fueron enviados al área alrededor de la central eléctrica destruida en un esfuerzo por evitar que el material radiactivo se propagara más al medio ambiente.
A nosotros se nos ha prometido más recursos económicos, sanitarios y de seguridad en ruedas de prensa enormes y mediáticas. Pero de momento estamos solos.
Ángeles Ribes es portavoz de Cs en el Ayuntamiento de Lleida
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