«El médico no debe tratar solo a la enfermedad, sino al paciente que la sufre». Me contaba este fin de semana un amigo, con el corazón roto, por la atención hospitalaria recibida en el Hospital Can Ruti de Badalona.
Su esposa, tras un periplo de demoras en la asistencia sanitaria, fue ingresada de urgencias en el hospital. Una vez ingresada en planta ya no podía permanecer a su lado y solo la podía visitar en los tres días establecidos por la dirección hospitalaria.
Al día siguiente del ingreso le telefonean y le indican el diagnóstico de su esposa: cáncer de esófago. Mi amigo ruega, implora, suplica que le dejen estar junto a su compañera de toda la vida cuando le den la terrible noticia. No lo consigue. Son las normas del hospital, recibe como respuesta.
En definitiva y horrorizado, le comunican a la enferma el diagnóstico y esa pobre mujer se queda sola en su habitación, desolada sin nadie que la reconforte o que le pueda acercar un simple pañuelo para secar las lágrimas. ¿Se imaginan en uno de los momentos más duros de la vida de una persona tener que afrontarlo en soledad porque unas normas arbitrarias han determinado que sea así?
Digo arbitrarias porque es muy posible que esos que han decretado esas normas, fuera o dentro del hospital, estén rodeados de compañeros con o sin mascarillas, asistiendo a celebraciones deportivas, viajando en transportes repletos de pasajeros, a manifestaciones, a celebraciones lúdicas y a todo tipo de actos multitudinarios. Sin obviar que es muy posible, además, que un alto porcentaje del personal sanitario con trato directo con la enferma no esté ni vacunado.
Arbitrario porque, ¿hay menos peligro de contagio si las visitas son en días alternos? ¿Es más contagioso un familiar vacunado y con mascarilla que un sanitario sin vacunar? Mientras la vida social parece que vuelve con fuerza y solo notamos el virus por el uso de las mascarillas, sólo nos queda rezar para no entrar en un hospital porque en un entorno de gran angustia y preocupación como son las habitaciones de hospitales, nos vamos a sentir totalmente abandonados por unas normas que no se trasladan fueran de los recintos sanitarios.
Sólo me queda pedir que alguien rectifique esas normas y entienda que detrás de cada paciente hay un ser humano y una familia.
“Donde quiera que se ame el arte de la medicina, se ama también a la humanidad”
Pilar Barriendos Clavero. Barcelona, septiembre de 2021
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