Artículo quincuagésimo: “por contraste selectivo”

Platón en su famoso mito describe a dos hombres que, encadenados desde niños en el fondo de una caverna, no han podido ver nunca la realidad exterior sino a través de unas sombras que se proyectan dentro porque otros hombres, animales, etc. pasan entre una hoguera y la entrada. Para ellos, no hay más realidad que las sombras. Cuando uno puede escapar y vuelve para contar al compañero la realidad que ha visto, éste le toma por loco.

Seguimos en la mitología griega: las ganas de huir del laberinto y la admiración por las evoluciones de las aves, inspiraron a Dédalo para volar con su hijo Ícaro pese a los peligros que ya vaticinaba. Las ganas de volar se me antojan equiparables a las ganas por conocer y comprender la realidad; se trata de alejarse, del suelo o de las sombras; de elevarse y llegar más allá, tanto física como mentalmente; aunque se quiebren las alas, aunque aflore la locura. He aprendido que vuelo y clarividencia, son capacidades que se adquieren con mucha dificultad y (tal vez por eso…) acaban produciendo adicción.

He tratado, pues, de poner mucha atención a mis maestros para lograr sobrevivir en el aire y sobrevolar en la vida y, con los años, cada vez deseo más ser adicto a pretensiones psíquicamente tan saludables como la de ser un ave o la de comprender cómo funciona la realidad (pueda o no, luego, hacer algo por mejorarla). Entender…, entender…, al menos entender…, entenderlo todo…

En cierta ocasión, uno de esos maestros me regaló la clave para entender ciertas experiencias relacionadas con la salud y la felicidad; por qué siendo uno rico se desespera ante una pequeña pérdida económica; por qué se le viene a uno el mundo encima por la extracción de una muela, si tiene un amigo enfermo en fase terminal; por qué se deprime un padre tras la mala respuesta de un hijo, si son habitualmente buenos él y sus hermanos, etc.

Me dijo mi maestro que reaccionamos ante la salud y la felicidad “por contraste selectivo”. El “huevo de Colón”, simple, esperable. Según escucho una conversación sobre salud o felicidad, pienso: “por contraste selectivo”, y ya entiendo a los interlocutores. Según observo que cambia una circunstancia de salud o felicidad, pienso: “por contraste selectivo”, y ya puedo vaticinar lo que va a sentir su protagonista.

He visto después que hay personas con las que me equivoco, pero que es excelente herramienta para entender lo que sienten –principalmente- los egocéntricos, porque no es la dimensión real del problema lo que fija su atención sino la dimensión del cambio, no la altura sino el tamaño del escalón, el contraste… Lo que ocurre es que, como no miran otra cosa que su propia persona, nunca se comparan con otros; es “un contraste individual y no social” el que seleccionan. Siguiendo uno de los ejemplos propuestos, al que se lamenta de la extracción de su muela, hay que recordarle la enfermedad terminal de su amigo; y si un día se queja de que ha comido pero sin postre, recordarle el hambre en el mundo.

Según la RAE, egocentrismo es la exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales. En la España autonómica, el “egocentrismo político” de las autoridades de la comunidad autónoma catalana me parece evidente (hágame usted el favor de releer esta definición de la RAE si no lo viera así: “… exagerada exaltación de la propia …”). De modo que, en este caso debería también ser aplicable esta regla del contraste selectivo (individual y no social), para estar en condiciones de entender las conductas de Pujol, Mas, Puigdemont, Torra, Torrent y adláteres; insaciables conductas como ya creo haber demostrado en uno de mis primeros artículos; y mire, no me voy a poner a repasar ahora todos ellos para encontrar suficientes porqués, pero alguno pondré como muestra:

Merced (es un decir) a tal contraste, ansían la independencia para autogobernarse más (porque ya no quedan otras competencias que traspasar dentro del autonomismo); si el contraste fuera “social”, podrían darse cuenta de que España es el país más descentralizado de Europa y no el más autoritario, como la “individualidad” del contraste que escogen les hace ver (eso… ¡suponiéndoles honradez intelectual!); y ocupando el puesto 17º de 167 países en el ranking  mundial de democracia. Les pasa igual en historia, con los fueros suprimidos aquí o allá, y con las bombas caídas aquí o allá…. Todo es miopía y falta de rigor, todo es dar consignas simples y repetirlas, pero sin ninguna demostración de lo que se afirma.

Claman por lo que llaman “derecho a decidir”, cuando un contraste más social les haría ver que el pueblo catalán puede decidir y decide, sobre prácticamente todo y desde hace años; y que la España de la que forma parte, soberana y más que reconocida internacionalmente, tampoco puede decidirlo absolutamente todo por encontrarse sometida a las normas europeas, por ejemplo. El derecho a decidir ya existe (en Cataluña también), el derecho “a decidirlo todo” no existirá nunca (fuera de Cataluña tampoco).

Nunca ha disfrutado Cataluña de mayor autonomía política, nunca ha estado más protegida la lengua catalana. Cataluña no es la comunidad autónoma más perjudicada por el actual sistema de financiación, con todos sus defectos; (hay aspectos de este sistema que pueden discutirse, si ustedes quieren, pero no insistan en hablar de “expolio fiscal”, o de que España “les roba”).

Caben también consideraciones de mayor concreción, como por ejemplo sobre infraestructura; a menudo recuerdan -con alguna razón- lo del corredor mediterráneo, pero sin reparar en que las cuatro capitales catalanas llevan tiempo conectadas con el mundo mediante autopistas, aeropuerto y AVE, (y puerto dos de ellas), lo que contrasta con otras comunidades. En fin…

“Nosotros”, dicen, “tenemos una identidad, una historia, una bandera; y una lengua y una forma de ser… etc.”; ¡qué pesados con su “nosotros”… pues exactamente igual que “los demás nosotros” del mundo!. Necesita alguno de mis paisanos asistir a algún curso práctico de lo que se suele denominar “pensar fuera de la caja” (o del marco mental habitual) para pasar del contraste selectivo individual al social. Y, hablando de marcos mentales, voy a facilitar uno estupendo en estas líneas que siguen, a ver tiene algún efecto en algún independentista (ya me sorprendería):

Cataluña es un sujeto político, como lo es Extremadura, pero sin que quepa concederle la capacidad soberana que reclaman pero que nunca ha tenido, y su “encaje” (con posibilidad de reforma, si procede, incluida) está ya resuelto en la Constitución. Todas las autonomías tienen singularidades, todas; a todas se les ha transferido un amplio conjunto de competencias desde el Estado, lo que proporciona suficiente margen para sus políticas y exige a cambio una lealtad institucional y política que en el caso de Cataluña brilla por su ausencia (por no expresarme en otros términos). Independientemente de las competencias transferidas, la presencia del Estado ha de ser efectiva en todo el territorio nacional; la de su Jefe y otras autoridades también, pese a quien pese (como en todo el mundo).

La pluralidad política debe ser respetada y aún fomentada en toda España, pero no puede ser entendida como causa para la secesión de una parte, ni puede ser ignorada la pluralidad política existente en el interior de esa parte (importante y creciente la oposición, por cierto, en Cataluña). Hacer política implica contraponer argumentos y no sólo mostrar férreas voluntades partidistas. Por último: pensar fuera de la caja catalana no es ser anticatalán (que ya les veo venir).

Mire, me acuerdo ahora de Nietzsche, cuando escribió que ha habido filósofos que no han tenido honradez intelectual porque tomaron bellos sentimientos como argumentos y su propia convicción como un criterio de verdad. A los cientos de miles de mediocres filósofos, de todas las edades y condiciones, que recorren a veces en masa las calles de Barcelona con la misma camiseta, les echaría en cara Nietzsche que confunden “sentirse arropados por la razón” con “tenerla”; confunden “creer estar” en posesión de la verdad con “estarlo”; confunden “tener los conceptos e ideas claras” con “recordar claramente la literalidad de las consignas” que les repiten los medios subvencionados. (Incluso han acabado los que mienten por creerse sus propias mentiras).

Ni asomo de duda tienen; si lo tuvieran, se desplomarían. A Puigdemont, esta misma semana, le han dado la razón… pero ha sido en las islas Feroe…, y se la han dado otros independentistas paranoicos como él…; bueno, pues a eso le han llamado “apoyo internacional”. Podrían desplomarse o, al menos, ruborizarse… pero no.

Por Ángel Mazo


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