Ayer sábado, una decena de radicales separatistas (que se autodenominan ‘antifeixistes’) intentaron en Falset (Priorat) impedir el libre desarrollo de una mesa instalada por VOX en esta localidad del interior de la provincia de Tarragona, donde pretendían hacer llegar el mensaje de su partido a los vecinos del pueblo.
Los totalitarios, al parecer vinculados a la CUP, como se aprecia en el vídeo, lo intentaron impedir y no pararon de corear consignas amenazantes, dirigidas a los congregados entorno a la carpa de VOX entre los que se encontraba Isabel Lázaro diputada del Parlament, como: «Pim, Pam, Pum, que no quedi ni un» o «Fora feixistes dels nostres pobles». Avisados los Mossos d’Esquadra tuvieron que desplegar un cordón policial para evitar que se produjera algún tipo de agresión violenta.
Decir que Falset que, como tantos pueblos de la comarca, históricamente había sido muy mayoritariamente tradicionalista y de derechas, lleva décadas dominado por separatistas e izquierdistas que imponen allí, de forma totalitaria su relato y sus normas, provocando en general, por miedo a ser señalados el silencio y la invisibilidad de los vecinos constitucionalistas.
En las últimas elecciones generales el PP obtuvo en el municipio 63 votos y VOX 61 lo que supuso casi el 9% de los votos entre ambos. Pero, dichos partidos no encontraron gente suficiente para presentar candidatura en las elecciones municipales. Para estos ciudadanos debe ser muy duro tener que vivir en un pueblo donde son absolutamente ignorados y nadie vela por sus derechos, teniendo que tragar con todo.
Las esteladas y pancartas separatistas campan a sus anchas en el pueblo. El Ayuntamiento incumple la conocida como Ley de Banderas, excluyendo la bandera española en las dependencias municipales. El español brilla por su ausencia en prácticamente todos los ámbitos.

Las consignas utilizadas por los ultra separatistas, salvando las distancias, me hacen recordar lo sucedido en el verano de 1936 en Falset, donde milicianos del Front Popular asesinaron a 26 vecinos del pueblo por el mero hecho de ser católicos o de derechas (entre estos 3 sacerdotes y 8 jóvenes de la “Federació de Joves Cristians de Cataluña”) .
Y lo más sorprendente es que seguramente algunos de los radicales que gritaban «Pim, Pam, Pum, que no quedi ni un», son nietos de algunas de estas victimas. Esta es la “democrática” y “progresista” Cataluña en la que vivimos. Hoy más que nunca, no podemos cejar en la lucha contra el totalitarismo.
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