En todas las grandes manifestaciones constitucionalistas, celebradas en Cataluña en los años álgidos del proceso separatista el grito unánime de buena parte de los asistentes era «¡Puigdemont a prisión!», sin apenas fisuras. Los catalanes que defienden la legalidad democrática de nuestro país, y la unidad de España, tenían claro que el presidente de la Generalitat que dio el golpe de Estado del 1 de octubre de 2017 merecía ir a la cárcel, sin ningún tipo de dudas.
Ya que los partidos separatistas querían convertir a millones de catalanes en ciudadanos de segunda, o mejor dicho en apátridas, los catalanes constitucionalistas tenían todo el derecho del mundo a que se aplicara justicia. Y llegó con la detención, la prisión preventiva y la condena por sedición de los insurgentes. Aunque Puigdemont se fugó.
Ahora que el prófugo de Waterloo es cortejado por socialistas y por algunos sectores del centro-derecha hay que recordar que el grito de «¡Puigdemont a prisión!» está más vivo que nunca, y que no podemos renunciar a él. Por mucho que sus compañeros de golpe de Estado fueran indultados por el Gobierno de Sánchez, lo que fue altamente frustrante para todos los catalanes que vimos atacados nuestros derechos civiles durante el procés ya que así se demostró que el separatismo goza de impunidad por culpa de la debilidad parlamentaria de los socialistas. Ahora que la subasta está en marcha para conseguir el apoyo de Junts, hemos de recordar que Puigdemont no es más que un prófugo de la Justicia.
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