Pedro Sánchez ha demostrado a lo largo de su carrera política que es duro de pelar y que no tiene ningún tipo de barrera moral para mantenerse en el poder. Sus alianzas con Bildu, formación heredera de ETA, o con ERC, una formación hispanófoba que intenta arrinconar al español como lengua de uso social e institucional, así lo atestiguan.
El presidente del Gobierno está dispuesto a arruinar a España lanzando todo tipo de medidas clientelares para comprar votos en el Congreso que endeudarán más al país. Mientras, el PP y VOX se han equivocado gravemente al pelearse entre ellos mientras Sánchez mimaba a sus compañeros de coalición, y facilitó la remontada del PSOE, que recortó la distancia lo suficiente para evitar que el centro-derecha y la derecha tuvieran mayoría.
A pesar que más de once millones de españoles han dicho al PSOE que no quieren que escoja como socios a formaciones tan nocivas para la democracia como Podemos, Bildu, Junts o Esquerra, Sánchez lo va a hacer, sin duda alguna. Solo queda la resistencia democrática y mostrar a los socialistas que ya estamos hartos de que partidos supremacistas que desprecian los derechos civiles de los catalanes y vascos constitucionalistas influyan en el Gobierno de España.
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