No quiero ser muy pesado, pero parece mentira que no nos demos cuenta de lo que nos estamos jugando. Bueno, matizaré, parece que los políticos no se dan cuenta de lo que está en juego.
Al margen de la trifulca por unos escaños, puestos, subvenciones, cargos, sillones, carteras o, en definitiva, “Poder” en mayúsculas, la mayoría pensamos en ese término en minúsculas, al obedecer a una única pretensión: poder seguir siendo españoles. Libres, iguales y unidos.
Para un patriota, sin complejos ni cortapisas que le condicionen, es comprensible un estado moral difuso y apático, viendo la carencia de una visión clara que anteponga lo principal frente a lo subsidiario. Y, conociendo el percal, conviene agarrarse con fuerza a convicciones y valores para no acabar de perder la fe y seguir expresando abiertamente opiniones, sin sentirse vencido o vendido.
Lo cierto es que, aun sabiendo que pueden caer en saco roto y servir de poco, me es imposible estar callado y tirar la toalla. Justificando con mi opinión la necesidad de poner encima de la mesa una prioridad, que creo compartida, de apoyar candidaturas pensando en la mejor manera de defender la nación de todos.
Pero, aun siendo algo en boga y sabiendo que estamos ante un momento clave y con el viento a favor, es fácil sentir dudas al ver ciertas actitudes prepotentes por parte de políticos que se apartan de una visión altruista que supondría ir todos de la mano por un objetivo común. No tengo dudas de que todos quieren gobernarla, de que quieren el Poder, pero a veces dudo sí ¿realmente quieren que siga existiendo España?
Desde fuera se ve que, por encima de todo, priman los intereses de partido y las ganas de ver quien la tiene más larga, dejando de lado la verdadera razón de ser de nuestras reivindicaciones electorales. No olvidemos que era sacar del poder a un presidente que ha demostrado ser un inútil prepotente, ególatra mayúsculo, necesitado de pleitesía, amigo de populistas y sumiso al separatismo golpista, tras venderse a cambio de tiempo, cediendo y concediendo todo lo que estaba en su mano. El objetivo era quitar del poder al «sanchismo» (no al PSOE en coma o “tomando nota”), cambiando de gobernantes para evitar el arrodillamiento de la nación ante los que la quieren romper.
Se agota el tiempo de hacer las cosas bien y aprovechar las circunstancias. Estamos en la prórroga para asentar el golpe definitivo al separatismo. Hay partidos que no pueden participar en el Gobierno de la nación que pretenden finiquitar, ni debe haber ninguna dependencia hacia ellos. Por eso, los tres que tienen en su mano hacerlo efectivo, deben entender que se necesita un pacto que sume lo suficiente y arrincone a los que quieren romper España y los que se aprovechan de esa gentuza para lograr mayorías, con sus costes y prebendas. La sociedad está deseosa de que confluyan intereses e impere la lógica, olvidando tonalidades y pensando en lo importante. Quien dé pasos en este sentido tendrá las de ganar, puesto que la gente sabe que la unión hace la fuerza y la desagregación nos está condicionando.
Dejemos de jugar a ver quién coge el palito más largo, porque desgraciadamente en ese juego tenemos todas las de perder. Hay tres casi de las mismas dimensiones y solo uno largo que, si no se reacciona a tiempo, legitimará a un inepto en la Presidencia del Gobierno, una Cámara Baja que le reirá las gracias y un Senado que, por no saber gestionar las fuerzas, también validará lo que el separatismo pretenda.
Son tantos los retos que tenemos a la vuelta de la esquina que estamos en un momento crucial y apasionante que puede salir bien, o mal. Hay que ganar la capital catalana al separatismo (en mi opinión el verdadero punto y final para el secesionismo), lograr una mayoría constitucionalista cuando tengamos las próximas autonómicas catalanas, apuntalar un gobierno patriótico en España y defender, sin chantajes ni vergüenza, la soberanía y nuestro convencido europeísmo en las instituciones comunitarias. Pero todas con un denominador común, una unidad de acción constitucionalista en la que prime, por encima de todo, España.
Señores políticos, bájense del burro y remen a favor de obra.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















