40 libros para una Barcelona plural. ‘Can Ravell. 75 aniversari’

El pequeño comercio siempre ha sido muy importante para Barcelona, ciudad en la que la figura del ‘botiguer’ ha sido clave. Las tiendas de toda la vida han servido para dar vida a los barrios y para conformar una personalidad diferenciada según las zonas. Desde la abundancia de establecimientos dedicados a la moda, en la zona de la calle Cruz Cubierta, a las librerías que antaño pululaban por la zona de Plaza Universidad, deseosas de servir a la legión de estudiantes a la búsqueda del libro de lance soñado.

Los comercios con mayor fortuna económica, y mayor tradición, editaron libros para conmemorar algún aniversario destacado. Como fue en el caso de Can Ravell, una popular mantequería del Ensanche que tenía una amplia gama de productos, desde los más sencillos a los destinados a un público con mayor poder adquisitivo. Se fundó en 1929, y en el 2004, coincidiendo con sus setenta y cinco años de existencia editaron para celebrarlo un lujoso volumen, con tapa dura, papel de notable calidad y numerosas páginas a color. O mejor dicho, lo conmemoraron, pero dos años más tarde, porque el volumen se publicó en el 2006.

El libro tiene su importancia por ser la memoria de un establecimiento que en el momento de editar el libro estaba viviendo una buena etapa, pero que actualmente ya no existe. La crisis económica le obligó a cerrar a principios de 2017, tras años arrastrando deudas y luchando para sobrevivir. Esta ha sido una de las tragedias de Barcelona: buena parte de sus pequeños comercios, de las tiendas tradicionales, han ido cerrando las persianas por la falta de relevo generacional, el aumento del precio de los alquileres o los vaivenes de la economía.

Vamos, que de Can Ravell solo nos queda este libro, y los recuerdos de sus numerosos clientes, para recordar su importancia en el tejido comercial de la ciudad. Que la tuvo, y que facilitó que los prólogos del libro estuvieran a cargo del entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall, y del alcalde de la ciudad, Joan Clos. Todos los textos del libro están tanto en catalán como en castellano: un colmado plural que también apostó por la pluralidad lingüística en esta obra de aniversario.

La obra comienza con una historia de Can Ravell, que es la historia del pequeño comercio durante esos setenta y cinco años. Desde las incautaciones durante la Guerra Civil, a como su alma mater, Don Ignasi, tuvo que ingeniárselas para conseguir alimentos y otros productos de primera necesidad en una postguerra en el que el trapicheo y el buscarse la vida era la norma, ante el oscurantismo de las autoridades franquistas. Can Ravell estaba en la calle Aragón, cerca del popular Mercado de la Concepción, y de la interacción entre este local y los paradistas, todos salieron beneficiados.

Don Ignasi era un hombre inquieto que no dudó en viajar a los Estados Unidos en los años sesenta del siglo XX para aprender del mercado norteamericano y conseguir productos que pudieran atraer a sus clientes. La obra narra también otra de las principales características de este tipo de comercios, el relevo generacional, que se encarnó en su hijo, Josep Ravell, que fue el que expandió el negocio e impulsó este libro. Y firma, tras los prólogos de Maragall y Clos, un texto de bienvenida. Esta expansión se concreta en la apertura de un restaurante, en el que disfrutar de sus especialidades más populares y que duró cuatro años, de 1994 a 1998.

La parte mejor ilustrada del libro, con unas fotografías a gran tamaño, es la que sigue a la histórica, y que consiste en un muestrario de los mejores productos que se vendían en este comercio, como conservas, quesos, pastas, galletas, dulces, entre otros. Muchas de ellas se podían disfrutar en unas mesas que estaban en el interior de colmado, y los clientes más fieles las cataban en vivo y en directo nada más adquirirlas.

En la parte final del libro diversos chefs y compañeros de profesión desean a Can Ravell larga vida, como los cocineros Juan Mari Arzak (Arzak), Ferran Adrià (El Bulli), la familia Roca (El celler de Can Roca), Carme Ruscalleda (Sant Pau) o Jordi Vilà (Alkimia), entre muchos. No falta un capítulo dedicado a sus proveedores, como Damm, considerada “la cerveza de la casa”, los embutidos de la familia Mitjans o el caviar iraní. Por supuesto, no faltan las referencias al personal de la casa en un libro entrañable que queda como testimonio de un comercio que durante ochenta y ocho años formó parte del paisaje barcelonés.

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