Ayer jueves, 25 de diciembre, se celebró el tradicional homenaje del separatismo, con una ofrenda floral en la tumba de Francesc Macià, en el cementerio de Montjuïc de Barcelona. En el mismo participaron los diversos partidos secesionistas (ERC, Junts, CUP, Estat Català, …), así como, al igual que el pasado año, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa (PSC), que iba acompañado de buena parte de su gobierno.
Salvador Illa, en su discurso, ha reivindicado la figura del expresidente de la Generalitat republicana Francesc Macià, al que ve como un símbolo y un “ejemplo”. Manifestó que la obra y el legado de Macià «deben servir de ejemplo y guía» en estos tiempos convulsos y de cambio, como a él le tocó vivir.
En realidad, nada nuevo bajo el sol, pues el PSC, especialmente en las últimas décadas, nunca ha dejado de homenajear a personajes tan siniestros y oscuros como Lluís Companys y Francesc Macià, convertidos en dos de los iconos centrales del separatismo catalán. A estas alturas, no hay ninguna duda de que el PSC se ha convertido en un partido nacionalista más y ha asumido gran parte del relato histórico y argumental del secesionismo.
Macià, de españolista a separatista

Como en otras ocasiones ya me he ocupado ampliamente del siniestro perfil de Lluís Companys, hoy daré solo unas pinceladas sobre la mitificada figura de Francesc Macià (1859-1933).
No es fácil de explicar cómo quien llegó a ser teniente coronel del Ejército español, monárquico y españolista apasionado, que firmaba como Francisco Macià hasta los 55 años, acabó transformándose, hacia el final de su vida, en el principal líder del separatismo catalán, culminando con su proclamación de la República Catalana en 1931. En todo caso, esto se intenta explicar en el libro Francesc Macià: de militar español a independentista català (2006), de Josep Maria Roig i Rosich, que profundiza en dicha transformación de Macià, desde sus treinta años como militar hasta su viraje hacia el nacionalismo radical.
Macià fue elegido diputado a Cortes por primera vez en las elecciones del 21 de abril de 1907, en las listas de la Solidaridad Catalana, representando a Barcelona. Y miren, según aparece en el citado libro, algunas de las cosas que decía entonces en sus discursos (recogidas en el Diario de Sesiones del Congreso): «Esta España grande y noble, esta España de nuestros ensueños, esta España que, organizando inteligentemente sus industrias, pueda acudir a la lucha económica en el mercado extranjero y allí, en aquel torneo libre de la inteligencia y del trabajo, vencer; único medio de llegar a ser una nación rica y poderosa».
O esta otra: «No sólo Cataluña no es separatista ni quiere serlo, sino precisamente cuantos estamos en la Solidaridad (Catalana) hemos venido a ella por motivos patrióticos, como el levantamiento de una España grande, honrada, pacífica y trabajadora».
Sin embargo, a partir de 1918 empezó a no ser un españolista tan entusiasta y el 23 de junio de 1923, siendo todavía diputado y contando ya con 64 años, dirá en el Congreso: «El dilema se ha planteado de una manera brutal, si queréis, y el dilema es el siguiente: o nosotros continuamos bajo la opresión del Estado opresor, del Estado centralista, en una esclavitud moral peor cien veces que la material, o vamos a la violencia».
Unos meses antes, Macià fundó el partido Estat Català, un partido independentista con elementos claramente paramilitares. Un ejemplo de ello fue el complot de Prats de Molló (1926), organizado por Macià: un intento fallido, ridículo y sin pies ni cabeza de invasión armada desde Francia para proclamar la República Catalana, protagonizado por poco más de 200 voluntarios de Estat Català que fueron detenidos por la gendarmería francesa antes siquiera de cruzar la frontera.
Aunque el posterior juicio a Macià en París convirtió el ridículo en propaganda, y esta, bien utilizada, lo lanzó a la fama, preparándole el terreno político para que, el 14 de abril de 1931, Macià, entonces líder de la recién creada ERC, proclamara, aunque de manera simbólica, desde el Palau de la Generalitat, la República Catalana, todo ello incluso antes de proclamarse la II República.
Macià no paró de radicalizarse y ya con 72 años, en marzo de 1931, fundó, junto a Lluís Companys, Narcís Monturiol y otros políticos de fuerzas nacionalistas y republicanas de izquierda, ERC, siendo él su líder indiscutible. Y junto a Estat Català, integrado en ERC, constituyó una organización juvenil de carácter paramilitar para tomar las calles: la JEREC (Joventuts d’Esquerra Republicana – Estat Català), que organizó sus propias milicias denominadas “escamots”, con una estética claramente fascista.
En 1933, los “escamots” destacaron por combatir las huelgas anarquistas, boicotear mítines de otras fuerzas políticas, asaltar las redacciones de publicaciones que los criticaban, como El Be Negre, o intimidar en los colegios electorales a personas de otros partidos. Es decir, sembraron la semilla de lo que para muchos fue el fascismo catalán. Algunos de sus más destacados dirigentes, como Josep Dencàs y los hermanos Badia (Josep y Miquel), mostraron en aquellos años una gran simpatía por el fascismo italiano. Por cierto, los hermanos Badia fueron asesinados en el centro de Barcelona antes de estallar la guerra, en abril de 1936, por miembros de la FAI, como represalia por sus anteriores actos contra los anarquistas.
Salvador Caamaño Morado (presidente de la Coordinadora de la Resistencia Cívica)
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















