Los Mossos d’Esquadra, tan poco tendentes a criminalizar a la afición del Barça, tienen una cierta querencia por ‘señalar’ a la afición del RCD Espanyol. ¿Recuerdan cómo en los primeros momentos tras los atropellamientos en el derbi los mandos de la policía autonómica decían que fue un «accidente» debido a que la conductora «perdió el control del vehículo»? Parecía que la culpa era de los aficionados por estar allí – a escasos metros del estadio – en vez de la conductora que embistió e hirió a varios seguidores del Espanyol, a uno de ellos de gravedad.
Tras este ‘glorioso’ capítulo en el pasado derbi llega la segunda parte. En el último derbi los socios éramos culpables por «estar allí», y ahora somos acusados del precrimen de querer presuntamente linchar a Joan García, así que han obligado al club a poner redes tras las porterías, cómo si estuviéramos en los años de plomo de los ultras en el fútbol. Los Mossos consideran que somos unos bárbaros con querencia a lanzar cabezas de cochinillo y botellas de JB – ¿me estoy equivocando de afición? -.

El sesgo de los Mossos
Pues eso, para los Mossos o estamos en el sitio equivocado – al lado de una pobrecita conductora que perdió el control de su coche – o somos sanguinarios salvajes dispuestos a lanzar ladrillos a Joan García. Estaré encantado de comprobar si en los siguientes partidos de ‘alto riesgo’ en el Nou Nou Nou Nou Camp Nou tomarán medidas similares. Aunque no creo, porque en Cataluña la afición del Barça es considerada modélica, ejemplar, maravillosa e incapaz de soltar gritos racistas a los jugadores de sus rivales o agredir a las aficiones rivales – como la del Espanyol -.
Lo he dicho siempre y lo seguiré diciendo. Por mucho que personajes como Salvador Illa, Gabriel Rufián o Jordi Turull digan con la boca pequeña que «son del Espanyol» – pero poco harán por nuestro club para no ‘molestar’ al amo culé – para el establishment político catalán los pericos somos chusma que les molestamos en su proyecto totalitario de «una nació, un club de futbol». Quién lo quiera ver, que lo vea, y quién no lo quiera ver que siga con la venda en los ojos.
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