17-A 2017, asesinatos en Barcelona y Cambrils. 2018, memoria e indecencia

No sé si se puede hablar de dolor sin haberlo sentido. No sé si se puede sentir dolor sin haberlo vivido. Lo que si sé es que el dolor por la pérdida de un ser querido es personal, imposible de expresar y difícil de compartir, en su total y brutal dureza.

Si sé, sabemos muchos, que el dolor de otros despierta solidaridad cuando haces el ejercicio de alteridad, el que deviene del miedo “podría haberme pasado a mi” o por la cultura en la que vivimos y nos ha influido, cristiana en nosotros, aunque no seamos practicantes ni siquiera creyentes, pero igualmente judía o musulmana (por cierto, también influyentes en nuestra cultura ambas), o de casi cualquier otra religión que resalte los valores humanitarios en las gentes.

Hace un año vivía a doscientos metros de una tienda, de la familia del niño de tres años que, con su abuelo de 57, ambos de Rubí, murieron asesinados por yihadistas en las Ramblas.

Cuando murió nuestro hijo, hace unos pocos años, asistimos a reuniones de padres afectados un tiempo. Conocimos a una mujer que su hija había sido “reventada” en la matanza de ETA en Hipercor. Estábamos en el aeropuerto de Abu Simbel en 2004 cuando una llamada a una mujer del grupo recibió una llamada de su hija llorando porque su amiga iba en el tren que los asesinos yihadistas volaron en Atocha el 11M, dada ya por muerta. Momentos duros.

“El hombre es el único animal que mata en masa a sus semejantes”, frase de Santiago Genovés que me impactó en los 70 cuando lo conocí. Cierto, cada día se confirma esta brutal capacidad que el resto de animales no practica, ya que solo matan por necesidad de alimentarse y nunca en mayor medida de sus necesidades.

Hoy en Barcelona y Cambrils hace un año mataron indiscriminadamente a viandantes en la calle, en Cambrils de madrugada. Hoy era un día de recuerdo, de reflexión y de saber de ellos, los que murieron, sus familiares, los que sobrevivieron y saber como están. No nos engañemos, cada día matan en masa en cualquier rincón del mundo, en guerras, en atentados a soldados de paz, a los que envían al mar los asesinos economistas de los tratantes de personas… y nos hemos acostumbrado.

Los muertos están en la mente de sus deudos, en general sentimos, podemos apenarnos, pero la siguiente hará “olvidar” la anterior. Si además somos europeos, por este efecto que llamamos “eurocentrismo” de la gran mayoría de muertes no nos enteramos o no prestamos atención. Quizás nos defendemos de tanto horror poniendo piel gruesa a los sentimientos. Nos afecta perder a la esposa, al hermano o a la madre y sobre todo al hijo. A cada uno el negro vacío interior se hace mayor con tanta pérdida y añoranza, con tanto sufrir.

Esta experiencia de lo propio debería hacernos menos egoístas, entender que lo que sentimos lo sienten otros y como nosotros a veces quedan en el desamparo que hace desear la propia muerte como fin del padecimiento. ¿Es así? No lo parece, no lo sé.

Hasta aquí creo que mas que explicarme explicito algo de sentimientos encontrados, pero si no es así como hoy, en medio de lo que pasa en Barcelona en Cataluña, puede uno explicar el asco que siente, o que siento. Seguramente no soy el único.

Como explicar que la mínima esperanza de un día civilizado ha desaparecido, hoy 17 agosto de 2018, un año después de las muertes, de los asesinatos. Y durante todo el día siguiendo los medios, escuchando declaraciones, mensajes institucionales, la vergüenza crece. ¿Queremos ser parte de esta miseria o lo somos porque nos invade y nos toma indefensos?

No quiero no tengo interés en intentar la objetividad. Hoy no existe, la razón tiene a los sentimientos como mala pareja. “La subjetividad es un invento subjetivo del hombre”, vuelvo a citar a Genovés, el antropólogo que hizo un estudio sobre ETA (previo secuestro inducido un tiempo) intentando entender y poder explicar “por qué, para qué y qué hacer” con desoladores resultados.

Hoy el asco viene por determinados políticos. Por esos nacionalistas que son capaces de proclamar que “som gent de pau” (somos gentes de paz) para al tiempo abominar de la mayor parte de la sociedad que deben gobernar y representar. Por la falta de respeto institucional y a la diversidad de pensamiento. Homenajeando a personajes indignos como los responsables de una policía ocupada en espiar a ciudadanos.

Un cobarde como Torra arrastra a primera fila a la mujer de Forn como escudo y pretendiendo con ella “molestar al Estado”. Colau hace pucheritos leyendo los nombres de los asesinados ante las cámaras (olvidó hacerlo hace un año). Humillantes pancartas que atacan a una institución que mientras no cambien es la máxima representación del Estado español y viene a honrar y acompañar a las víctimas del terror. Un demente como Puigdemont, que no representa a nadie, dando consignas a sus seguidores. Los CDR con pancartas alusivas a la venta de armas obviando cínicamente que el 34% de ellas son de industrias catalanas.

Y por la inmundicia, simulando información y opinión, de buena parte de los medios y entre ellos las televisiones, llenando huecos entre anuncio y anuncio con las más peregrinas explicaciones y evaluaciones incluso de lo que estaba pasando en el momento y que maldita sea, salvo excepciones poco aportan ni entienden.

En el 2019 seguirán muertos y algunos vivos, en su indecente vida. Ya los conocemos bien.

José Luis Vergara. 17 agosto 2018


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