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¡Viva la Constitución! Mal que les pese a quienes tienen tentaciones autocráticas

"La Constitución, pese a ser un documento moderno, e incluso avanzado, no nos podía poner al abrigo de todos los peligros"

Por Asociación por la Tolerancia
martes, 6 de diciembre de 2022
en Sociedad
3 mins read
 

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La norma legal más antigua de los Estados Unidos es su Constitución, cuyo nombre corresponde al de ese país con mayor propiedad que a la mayoría, porque se redactó con motivo de su nacimiento y como guía de comportamiento político para su futuro. Eso ocurrió el 17 de septiembre de 1787 y fue corroborada por el pueblo en cada estado miembro bajo el nombre de “Nosotros el Pueblo” (palabras que encabezan el documento, We the people). Con posterioridad ha sido objeto, sucesivamente, de 27 enmiendas cuyo propósito es actualizar el acuerdo original conservando su espíritu y, en lo posible, su letra.

Hoy conmemoramos el día en que el pueblo español, en votación libre y democrática, aprobó por amplia mayoría la Constitución Española, en fecha mucho más reciente. Este documento contiene las reglas por las que se organiza políticamente y se gobierna nuestro país. La Constitución es la garantía última de nuestros derechos y libertades. Quienes no vivieron ese momento difícilmente pueden comprender la emocionada alegría que supuso para la mayoría de los españoles. Vimos en ese acto la escenificación del tránsito de España hacia un mundo, el del Occidente moderno, que nos había estado vedado durante casi cuarenta años. Sin duda nuestras expectativas eran exageradas, pecamos de ingenuidad ignorante.

La Constitución, pese a ser un documento moderno, e incluso avanzado, no nos podía poner al abrigo de todos los peligros. Arrastraba lastres surgidos del equilibrio (inestable) de las fuerzas políticas en ejercicio en ese momento y, como todo producto humano, tenía imperfecciones. Pero entre sus numerosas virtudes, se cuentan dos fundamentales. La primera virtud se halla en el propio articulado que, consciente de la falibilidad humana y del envejecimiento con que la evolución de los acontecimientos amenaza inexorablemente cualquier concepto legal o jurídico, prevé los mecanismos para su propia remodelación y enmienda.

La segunda tiene un carácter simbólico, la Constitución cerró el largo período de enfrentamiento que dio origen a la Guerra Civil española. La Constitución acabó con “las dos Españas”. La pretensión de los constituyentes fue que esa clausura fuera definitiva, pero fueron en este particular demasiado optimistas.

Gracias a la Constitución hemos vivido el período de paz más prolongado de la historia moderna de España (y, probablemente, de su historia, a secas), paz que solo se ha visto alterada por dos graves amenazas: el terrorismo etarra, cuya fuerza motriz emboscada fue el nacionalismo vasco, y, en segundo lugar, las amenazas constantes a la unidad de la nación lideradas por otro nacionalismo, el catalán, que llegó en 2017 a intentar un golpe de estado. Las políticas de contentamiento con que los sucesivos gobiernos de la nación han intentado atenuar el efecto de estas gravísimas amenazas han tenido una consecuencia indeseada: otras comunidades, vistos los beneficios que reporta la traición al compromiso constitucional, fingen lenguas y acentúan diferencias, provocando un efecto centrífugo general que redunda en el perjuicio de lo común y el debilitamiento del Estado.

No es la Constitución el origen de esos males, su único pecado – en todo caso – es exceso de generosidad. La culpa radica en el déficit de verdadero sentido político de nuestros dirigentes y a su falta de compromiso efectivo con los principios constitucionales. El ritual de la jura al que se someten al acceder al Congreso (cada vez con más variantes infantiloides para escurrir el bulto y ridiculizar el acto) debiera ser excluyente y habría que establecer un castigo para quien se pudiera demostrar que juró en falso.

Para los más jóvenes, nuestra Constitución es vieja, pese a ser de las más recientes de nuestro entorno. Sin embargo, su edad no la hace detestable. Mucho más antigua es la constitución estadounidense y goza de muy buena salud. La Constitución Española tiene más virtudes que defectos y, lo que es más importante, sus taras y sus insuficiencias se pueden corregir, existen los mecanismos adecuados para ello. Claro está, no se puede reformar según el capricho de cada cual, sino que es preciso alcanzar los acuerdos necesarios para garantizar que los cambios se ajustan al sentir de la inmensa mayoría de quienes detentan la propiedad de la nación: el pueblo español.

¡Larga vida a esta viejecita entrañable que, como muchas abuelas, vela por el bienestar de la familia! ¡Te respetamos y te queremos!

Asociación por la Tolerancia

NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).

 

TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: Asociación por la ToleranciaConstitución
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