Viendo pasar el Tsunami

Hace unos días pasaron por Premià. Algunos a pie, con esos cánticos que sirven para anular al individuo y convertirlo en masa. Otros, subidos a sus tractores y pitando para que todos nos enteremos de que ya han llegado. Pero, aunque Ciutadans fue la primera fuerza en las elecciones autonómicas en nuestro municipio, no limpiaremos el suelo que pisan con lejía, eso lo hacen ellos. Tampoco acudiremos a insultarles, eso lo hacen ellos.

Los miro con distancia, sabiendo que compartimos una ciudadanía común que quieren romper. Son los que nos consideran colonos o inadaptados. Los más tocados por la tramontana, los más torrados, nos consideran bestias con forma humana. O, quizás, directamente diablos. No les responsabilizo a ellos, pobres fanatizados. Responsabilizo a aquellos que permitieron que el nacionalista Jordi Pujol propagase su ideología xenófoba a través de las instituciones autonómicas en una democracia recién inaugurada. Tarradellas ya advirtió acerca de él, pero nadie le hizo caso.

También los 2.300 del manifiesto. Profesores, en su mayoría, que advertían de los planes que tenía el nacionalismo para utilizar la escuela como instrumento fundamental para la construcción nacional. A estos algunos sí les hicieron caso: Terra Lliure secuestró a un joven profesor pegándole un tiro en la rodilla. Era un aviso a navegantes. Muchos cogieron sus maletas y se fueron de Cataluña para evitar la intimidación y la presión del nacionalismo. Mientras eso sucedía a Pujol le nombraban español del año y le permitían tapar lo de Banca Catalana.

Hoy los veremos disfrutar de su peregrinaje hacia Barcelona. Lo han llamado Marxa per la Llibertat, que recuerda a la Marcha sobre Roma. Porque cuando hablan de libertad lo hacen en los mismos términos que lo hacían los regímenes autoritarios de principios del s. XX: la libertad del pueblo. No hablan de la libertad de los ciudadanos de Cataluña, que es la que importa. Sino de la libertad nacional, la de la patria, ignorando que las patrias ni sienten ni padecen. Que los únicos que sienten y padecen son los ciudadanos. Y estos días padecen y mucho. Padece ese padre que tuvo que salir de su vivienda, de madrugada, con su bebé en brazos porque el humo de las barricadas estaba entrando su vivienda. O esa amiga que ayer tenía que soportar violentos disturbios en su calle, y que la hacían padecer porque asustaban a su hijo Nico, que no cesaba de llorar.

La llaman Marxa per la Llibertat, pero es la marcha del colapso. La que impide que una mujer embarazada llegue al hospital tranquila y a la mayor celeridad. La que no permite a un infartado llegar a tiempo al hospital donde quizás podrían haberle salvado la vida. No, eso no va de libertad, sino de la imposición de un régimen que ya vimos asomar cuando aprobaron esa totalitaria ley de transitoriedad pisoteando los derechos políticos que nos reconoce la Constitución. El jurista y político antifascista Piero Calamandrei decía que “sin legalidad no hay libertad”. Y que actuar contra las leyes es actuar contra la libertad. Y eso es lo que está haciendo el Govern.

A Josep Dencàs le apodaban el “Duce catalán”. El actual presidente de la Generalitat ha homenajeado a nefasto personaje admirador del fascismo que solicitó apoyo a Mussolini para crear un Estado catalán de corte fascista. ¿Cómo no iban a participar el presidente de la Generalidad, Quim Torra y sus consejeros en la autodenominada Marxa per la Llibertat?

Pero no es Torra quien ha traído todo esto, sino el llamado “nacionalismo moderado”. Como si pudiese existir éste. O el fascismo moderado. O el racismo moderado. Hemos llegado a esto por permitir la privatización la administración pública en Cataluña por parte del nacionalismo. La Generalitat no ha operado nunca bajo parámetros democráticos, sino de exclusión etnolingüística. No hay más que ver las estadísticas de los apellidos de los catalanes y las listas de apellidos de los cargos de la Generalitat.

Hay que reconocer a Pujol su capacidad estratégica. Siempre ha sido tan fanático como Torra, pero fue más prudente. Más inteligente. A él le debe el nacionalismo tener toda una administración pública a su servicio. Y hoy están en Premià de Mar porque el Ayuntamiento les ha cedido el polideportivo para pernoctar en su procesión hacia Barcelona. Por supuesto, el grupo municipal de Ciutadans, que hace su trabajo, ya ha registrado una solicitud de información al respecto.

Quizás los separatistas piensen que esto es el final de todo. Que con esto concluirá el procés y serán capaces de romper una nación europea unida por los vínculos personales y familiares que se crean al tener una historia en común. No estamos en los años 30, sino en un Estado de derecho consolidado, miembro de la Unión Europea. Que pierdan toda esperanza, su quimera no sólo es absurdamente reaccionaria, sino inviable. Que disfruten hoy de esa comunión que deben sentir en este trayecto de convivencias que les deben evocar a las de su niñez.

Ya llegará el momento en el que se den cuenta cuanto recuerda su “tsunami democrático” a la historia que explica “La Ola”, la película alemana de 2008. Incluso la referencia es también marítima. Cuando despierten deberán reflexionar sobre si lo que han provocado contribuye al bienestar de Cataluña. A la convivencia. A la prosperidad. Llegará el día en el que oculten haber participado de este movimiento de tintes totalitarios.

Mientras llegue ese momento, los que vemos en qué clase de movimiento político están participando tantos conciudadanos nuestros, sigamos haciendo oír nuestra voz. Aunque tenga un coste. Porque mayor es el coste de permitir que triunfen por encima de la democracia liberal que sentó las bases del Estado del bienestar. Ellos están de paso. No sólo en mi municipio, sino en la historia. Aunque, a veces, puedan volver de visita.

Sergio Sanz. Diputado de Cs en el Parlament


‘Equidistantes exquisitos’ es el último libro de Antonio Robles, un ensayo que constituye, en palabras del economista Félix Ovejero, “un inventario del paisaje humano que allanó el camino a la locura nacionalista”. Cuenta con un prólogo del dramaturgo Albert Boadella. El PVP del libro es de 17 euros. Si desean pagar por tarjeta o paypal pueden hacerlo en este enlace del módulo de pago. Sigan los siguientes pasos: Pongan en el recuadro en blanco ("donaré”) el importe correspondiente al número de ejemplares que deseen (17 euros, si quieren uno; 34 euros, si quieren dos, y así sucesivamente). Pongan solo el número, no pongan la palabra “euros”. Sin añadir nada más hagan clic en el botón "donar". A continuación, le saldrá otra pantalla en la que le pedirán datos y pongan en el recuadro "información adicional" la siguiente información: "Libro Robles" y su dirección, código postal y un correo electrónico válido. Ha de escoger si quiere pagar por tarjeta de crédito o por paypal. Y luego dele a "realizar el pedido". Otra forma de adquirir el libro es escribiendo un correo a [email protected] y se les informará de otras formas de pago. El libro tardará unos 15 días, debido a la reducción del servicio de Correos. Si tienen dudas escriban al correo antes indicado.

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