El Ayuntamiento de Barcelona ha vivido una jornada de alta tensión política tras la aprobación de una iniciativa que pone contra las cuerdas al PSC. En una sesión extraordinaria, los grupos de la oposición han sacado adelante una propuesta de Junts per Barcelona que señala directamente la gestión del Govern de Salvador Illa. El foco del conflicto no es otro que el servicio de Rodalies, cuya operatividad sigue sumida en una crisis que parece no tener fin.
La votación ha dejado una fotografía incómoda para el alcalde Jaume Collboni. Aunque el texto se centraba formalmente en la Generalitat, el contenido incluía una dura crítica a la «falta de liderazgo» del gobierno municipal. En la práctica, esto supone una reprobación encubierta al propio alcalde, a quien se le acusa de no defender con la firmeza necesaria los intereses de los barceloneses frente a sus superiores de partido en la Generalitat.
El bloque a favor de la medida ha sido heterogéneo pero contundente. Junts, Barcelona en Comú y Esquerra Republicana han unido sus votos para castigar la inacción socialista. Por su parte, el PSC se ha quedado solo en la defensa de su gestión, mientras que el Partido Popular y Vox han optado por la abstención. Esta aritmética parlamentaria refleja el aislamiento de un gobierno municipal que no logra convencer ni a derecha ni a izquierda sobre su capacidad de mando.
Jordi Martí Galbis, el cuestionado líder de Junts en el consistorio – Puigdemont le busca relevo de manera desesperada -, ha sido el encargado de defender la propuesta con un discurso agresivo. El concejal no ha ahorrado calificativos, definiendo la situación ferroviaria como un «fiasco» y una auténtica «estafa» para los usuarios. Martí ha subrayado que, al prosperar esta iniciativa, el alcalde Collboni queda retratado de nuevo ante una ciudadanía que sufre a diario los retrasos y averías del sistema de transporte.
El texto aprobado no solo se queda en la queja, sino que insta directamente al alcalde a ejercer una defensa «clara y visible» de la ciudad. Se le exige que abandone la equidistancia y que presione de forma efectiva para que las promesas de inversión en Rodalies dejen de ser simples titulares de prensa. La paciencia de la oposición, y presumiblemente la de los usuarios, ha llegado al límite tras meses de incidencias constantes.
Incluso se ha invitado al alcalde a participar en las movilizaciones ciudadanas previstas para el sábado 7 de febrero. Es un gesto simbólico que busca evidenciar la contradicción de Collboni: estar con los barceloneses que protestan o con los gestores que fallan. Esta invitación refuerza la narrativa de una alcaldía que parece haber perdido el pulso de la calle en favor del cálculo partidista.
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