La Barcelona gobernada por el socialista Jaume Collboni vuelve a ser escenario de una violencia intolerable en sus espacios públicos. La noche de este jueves, el parque de la Pegaso, ubicado en el distrito de Sant Andreu, se convirtió en el epicentro de una tragedia que evidencia la degradación de la seguridad ciudadana. Un adolescente de apenas 15 años perdió la vida de forma violenta tras recibir varios impactos de bala en plena calle.
Los hechos se desencadenaron poco antes de las once de la noche en la calle de Portugal, un entorno residencial que se vio sacudido por el estruendo de las detonaciones. El teléfono de emergencias recibió múltiples llamadas de vecinos alarmados por los disparos. Al salir a sus balcones, descubrieron el cuerpo del menor tendido en el suelo con heridas de extrema gravedad.
Las primeras hipótesis policiales apuntan de forma directa a un ajuste de cuentas entre bandas de origen hispanomericano. Estas organizaciones criminales mantienen una enconada disputa por el control territorial y la distribución de estupefacientes en la zona. La víctima mortal, según fuentes de la investigación, es un joven de nacionalidad extranjera y origen sudamericano.
Varios testigos presenciales relataron haber escuchado entre dos y tres detonaciones consecutivas. Inmediatamente después de los disparos, un grupo de jóvenes emprendió una huida a pie a gran velocidad, en dirección a la concurrida avenida Meridiana, aprovechando la confusión inicial del momento.
Cuando las patrullas policiales y las ambulancias del Sistema de Emergencias Médicas llegaron al lugar, el panorama era desolador. El chico se encontraba inconsciente sobre el pavimento, aunque todavía presentaba constantes vitales débiles. El proyectil de un arma de fuego le había impactado directamente en la zona abdominal, causándole destrozos irreversibles.
A pesar de los esfuerzos denodados de los sanitarios, que practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar durante largos minutos, no fue posible estabilizarlo. El fallecimiento del menor se certificó en el mismo lugar de la agresión. El suceso deja al descubierto la vulnerabilidad de unos barrios donde la delincuencia parece ganar terreno ante la pasividad de los responsables políticos.
La reconstrucción de los hechos revela que el fallecido no estaba solo. Se encontraba acompañado por dos conocidos cuando fue abordado de forma súbita por un grupo agresor compuesto por entre cuatro y siete individuos. La emboscada fue planificada y ejecutada con superioridad numérica para asegurar el letal resultado.
Algunos de los asaltantes cubrían sus rostros para evitar ser identificados por las cámaras de seguridad o los testigos. Además del arma de fuego empleada para acabar con la vida del menor, los delincuentes portaban armas blancas de grandes dimensiones. Con ellas causaron heridas de diversa consideración a otras personas que se encontraban en el lugar.
Los presuntos autores del crimen lograron evadir el cerco policial inicial. Aunque los Mossos d’Esquadra desplegaron rápidamente un dispositivo de búsqueda con numerosas patrullas por los alrededores de La Sagrera, las batidas resultaron infructuosas. A estas horas, los responsables de la agresión mortal continúan en paradero desconocido.
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