La coherencia política en la CUP vuelve a quedar en entredicho. Eulàlia Reguant, rostro visible de la extrema izquierda catalana durante años, ha decidido refugiar su futuro profesional en el mercado inmobiliario. Tras años de proclamas incendiarias contra la propiedad privada, la exdiputada de la CUP se suma ahora a la gestión del patrimonio familiar.
La noticia ha saltado tras su inscripción como apoderada en la sociedad ‘Muscius Cent’. Esta empresa, según el Registro Mercantil, se dedica a la explotación y arrendamiento de viviendas y locales en la capital catalana, tal y cómo ha desvelado el digital ‘El Nacional’.
Resulta paradójico que quien defendía la ‘okupación’ sea ahora la encargada de velar por activos millonarios. Los datos económicos de la inmobiliaria familiar son contundentes y poco «populares». En el último ejercicio, la sociedad declaró un patrimonio neto que supera los 12 millones de euros.
Mientras el PSC y el PSOE miran hacia otro lado, sus socios preferentes en el bloque separatista consolidan su estatus económico personal. La inversión inmobiliaria de la firma alcanzó los 12,67 millones de euros de patrimonio neto en el año 2024. Estas cifras contrastan con el discurso anticapitalista que Reguant abanderó en el Parlamento y el Ayuntamiento.
El mercado de alquiler, tan criticado por la CUP, es ahora el sustento directo de su nueva apoderada. Durante su etapa pública, Reguant no dudó en señalar a los fondos de inversión como culpables de todos los males. Sin embargo, la realidad registral muestra una cómoda posición en una empresa dedicada a la compra y venta de terrenos. Es la doble vara de medir habitual en el ecosistema político de Cataluña.
La empresa ‘Muscius Cent’ está bajo el control de sus padres, Teresa Cura y Jaume Reguant. En el último año, la facturación de la entidad creció un 5,5%, alcanzando los 534.100 euros. Los beneficios han vuelto a la cuenta de resultados tras un breve periodo de pérdidas en el ejercicio anterior.
Este movimiento profesional refleja una tendencia creciente entre los cuadros secesionistas que abandonan la primera línea. Al final, el pragmatismo del capital se impone sobre las camisetas reivindicativas y las pancartas de calle. La gestión del patrimonio propio parece ser más atractiva que la colectivización de la propiedad.
El objeto social de la compañía no deja lugar a dudas sobre su actividad puramente mercantil: «La compra, venta, promoción, arrendamiento no financiero y explotación bajo cualquier régimen de viviendas de todo tipo, apartamentos, locales, naves industriales y terrenos y, en general, con más amplitud, toda actividad inmobiliaria”.
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