Durante la primera ola de la pandemia de Covid-19 los principales dirigentes del ‘govern’ autonómico catalán, como el ‘president’ Quim Torra o la consejera de Salud, Alba Vergés, utilizaron el «España nos mata» para tapar las miserias de su gestión. Según esta teoría, la Generalitat era un Ejecutivo eficaz, pero como el Gobierno central, mediante el estado de alarma, le había quitado a Torra y sus consejeros competencias, y como «España» es un país atrasado que no sabe gestionar, había provocado la muerte de miles y miles de catalanes.
Muertes que se podían haber evitado si la Generalitat hubiera gestionado la pandemia desde el primer minuto. Entonces llegó el levantamiento del estado de alarma, el Govern recuperó las competencias y el virus no solo no ha desaparecido, sino que vuelve a golpear con gran saña a la sociedad catalana. Por supuesto, ni Torra hace unas semanas, ni Aragonès ahora, han reforzado a fondo el sistema sanitario público catalán, muy debilitado tras años de recortes presupuestarios.
Ante la ausencia de inversión en lo que importa, la salud, porque el dinero el Govern se lo gasta a espuertas en los chiringuitos que mantienen vivo el procés, como TV3 o la legión de paniguados que viven a costa del erario público por llevar en la solapa un lazo amarillo, la situación sanitaria está empeorando. Y para hacer ver qué hacen algo, cuando se nota a la legua que están dando de ciego, la Generalitat cerró de nuevo el sector de la hostelería, lo que supondrá el hundimiento de miles de negocios, y ahora no solo ha secundado con entusiasmo a la posibilidad de decretar el toque de queda, sino que ha decidido que comience a las 22:00, y no a las 23:00 o a las 0:00, como permitía el Gobierno central.
El virus no entiende de horarios, y los contagios se facilitan en contextos como unos transportes públicos abarrotados o unos colegios llenos de niños, que se juntan unos con otros, por mucho que los profesores vigilen, y que luego vuelven a sus casas. Creemos que las medidas adoptadas por Sánchez son un error, pero la Generalitat no solo se ha lanzado a apoyarlas rápidamente, sino que además cree que el Gobierno de España se ha quedado muy corto a la hora de plantear más restricciones a los ciudadanos.
La cuestión no es solo hundir la economía y encerrar a los ciudadanos para detener a un virus que ya está en transmisión comunitaria, lo importante sería gastar todo el dinero público posible en el sistema sanitario para que no colapse, porque buena parte de las muertes de la primera oleada vinieron por este motivo, porque los hospitales no pudieron atender adecuadamente a los enfermos y murieron por miles. ¿Qué ha hecho el Govern en los últimos meses? Colapsar aún más la asistencia primaria y apenas ha reforzado el sistema hospitalario.
También hay que invertir todo el presupuesto necesario en equipamientos como las residencias de ancianos para que tengan todo el material de protección necesario y que cuenten con los profesionales sanitarios necesarios para que vigilen que los contagios no se extiendan entre los más mayores. Pero eso conllevaría gastar un dinero que los partidos separatistas han preferido gastar en montar su golpe de estado particular. Es más fácil clausurar bares y encerrar a los ciudadanos, porque los que mandan en la Generalitat han perdido el tiempo y no han aprovechado con diligencia las semanas que transcurrieron entre el final de la primera ola y el estallido de la segunda.
Si el Govern hiciera bien su labor y estuviera trabajando con honestidad por el bien común, los ciudadanos aceptaríamos de buen grado el quedarnos en nuestras casas y que la economía se estuviera deteriorando. Sería por un bien mayor, la salud de todos. Pero cuando se ve la inutilidad galopante de la Generalitat, que va dando palos de ciego mientras destroza la vida de millones de catalanes, eso incita a pensar que esta casta política que manda en Cataluña solo tiene una preocupación: mantenerse en el poder.
Muchos nos quedaremos en casa por responsabilidad cívica, y respetaremos unas medidas coercitivas que son desproporcionadas y nos tememos que serán ineficaces, porque aunque tengamos un Govern que no se preocupa de los catalanes, no queremos ser tan miserables como ellos, y ante la angustia de muchos conciudadanos preocupados por la pandemia, acataremos el toque de queda y sus disposiciones adicionales. No somos golpistas, ni «desobedientes», así que cumpliremos.
Pero luego les hemos de pasar cuentas a los que gobiernan Cataluña, porque están destruyendo el futuro económico de nuestra sociedad.
Comentario editorial de elCatalán.es
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