El RCD Espanyol ha iniciado la temporada con una energía renovada que ha devuelto la ilusión a su afición. Conseguir cuatro puntos en los dos primeros partidos de liga ante rivales tan exigentes como el Atlético de Madrid y la Real Sociedad no es un detalle menor, sino un síntoma claro de que el equipo ha empezado con determinación, oficio y una personalidad que no siempre ha acompañado a los pericos en arranques anteriores.
La victoria en el RCDE Stadium frente al Atlético fue una muestra de carácter, el Espanyol supo esperar su momento, jugar con inteligencia y golpear con precisión. Fue un triunfo de equipo, de esos que no solo suman tres puntos, sino que alimentan la autoestima y proyectan una imagen de seriedad. Ese tipo de partidos, que en otras épocas se habrían escapado por detalles, ahora se disputan con madurez.
El empate ante la Real Sociedad en Anoeta también dejó buenas sensaciones. Aunque el partido terminó igualado, el equipo dio una nueva lección de temple y compromiso. La Real es uno de los conjuntos más sólidos de la liga, y salir de San Sebastián con un punto trabajado es, sin duda, otro motivo para seguir creyendo.
Detrás de este inicio tan prometedor está la figura de Manolo González, un técnico que ha sabido conectar con el vestuario, con la afición y con el club en su conjunto. Su estilo directo, humilde y trabajador ha calado en una plantilla que ahora transmite orden y ambición. No se trata solo de resultados, sino de sensaciones: el Espanyol juega con un plan, con una idea clara y con una intensidad que hacía tiempo no se veía. González ha sabido construir un grupo competitivo sin necesidad de grandes alardes.
La renovación del técnico fue una de las mejores noticias del verano. Asegurar la continuidad de un entrenador que ha devuelto al Espanyol a Primera y que ha demostrado ser un líder dentro y fuera del campo es una apuesta por la estabilidad. Manolo González no es un nombre mediático, pero es un profesional serio, comprometido y con un conocimiento profundo del club. Su figura se ha convertido en un punto de referencia y en un símbolo del nuevo rumbo del equipo.
La afición, por su parte, ha respondido con entusiasmo. Tras años de frustraciones, la grada vuelve a vibrar con un equipo que se entrega en cada partido. Hay ilusión, hay esperanza y, sobre todo, hay una comunión renovada entre el equipo y su gente. No es solo cuestión de ganar, sino de cómo se compite, y este Espanyol transmite autenticidad y compromiso. La afición necesitaba motivos para volver a creer, y el equipo ha sabido dárselos desde el primer día. Los más de 30.000 abonados y cerca de 35.000 socios así lo avalan.
Más allá de los puntos obtenidos, lo que destaca es la actitud. El Espanyol no es un equipo que se conforme con sobrevivir; quiere ser protagonista. Desde la defensa hasta la delantera, se nota que hay trabajo táctico, preparación física y un enfoque colectivo bien definido. Los jugadores parecen tener claro su papel, y eso es mérito del cuerpo técnico. La plantilla, sin grandes estrellas, compite como un bloque, y eso siempre es una buena señal.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















