TV3 ha sido el gran aliento para el proceso separatista. En la televisión de la Generalitat se ha dado voz a personajes irrelevantes cuyo único mérito era ser adictos a la causa separatista o se ha insultado impunemente a líderes constitucionalistas. Y nos cuesta más de trescientos millones de euros al año.
En este medio de comunicación partidista, que ha perdido su condición de servicio público para ser una herramienta del independentismo, se ha utilizado un lenguaje ajeno al periodismo y propio de la propaganda política. No solo se ha manipulado, se ha caricaturizado y denigrado todo lo que oliera a España.
TV3 ha mantenido prietas las filas secesionistas a pesar de las continuas mentiras de sus líderes. Desde sus platós se han difundido las consignas de ERC, CUP y Junts que han contribuido a crear la condición de mártires de los políticos condenados, y luego indultados por Pedro Sánchez, por intentar acabar con la democracia española.
Por eso es imprescindible cerrarla, porque esta televisión ha generado tanto odio que es imposible regenerarla. Si tiene que haber una televisión pública en Cataluña se ha de clausurar TV3, y comenzar a fundar una nueva desde cero, pero que sea un servicio público de verdad, no una herramienta de propaganda.
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