Vamos a empezar por ser realistas y por decir la verdad: nadie va a cerrar TV3, nunca. Ni Vox. Telemadrid también querían cerrarla, ellos e Isabel Díaz Ayuso, que se quejaba de tener una televisión autonómica a su izquierda, o, para ser exactos, donde hacían más negocio las productoras de sus enemigos que las de sus amigos y hasta alguno de sus dircom. Ahora que ya se lo han afinado, es decir, que fue desaparecer Ciudadanos del gobierno de la Comunidad y caer el último bastión que mal que bien defendía cierta independencia de la dirección de Telemadrid… ahora ya para nada la quieren cerrar. Ahora Ayuso y sus nuevos socios están encantados con ella.
Moraleja, nadie cierra nunca nada comparable a TV3 y en general la Corporació Catalana de Mitjans de Comunicació (CCMA) en términos de poder, tanto de propaganda como de movilización de ingentes recursos públicos, pago de favores, compra de voluntades y engordamiento de los sectores audiovisuales más amigos del gobernante de turno. Los vaivenes políticos pueden alterar la proporción, pero no la esencia de la cosa. Antes la “Corpo” se la repartían entre uno (CiU), más tarde entre dos (las sucesivas mutaciones de CiU y ERC) y finalmente con el PSC, que en los dos tripartitos cometió el error de estar un poco de convidado de piedra, y ahora ha aprendido la lección. La de no quedarse fuera del pastel.
Esta es la clave de la matusalénica longevidad de los cargos que acaban de ser renovados ahora mismo. Si se hubiera podido acometer esa renovación la legislatura pasada, cuando Ciutadans era la primera fuerza en el Parlament, bueno, pues no habría llovido al gusto de mucha gente que ahora está la mar de contenta. Por eso la renovación se postergó hasta ahora, cuando no hay (o ellos creen que no hay…) moros en la costa.
Para que se vea que aquí no todos le hacemos ascos a la autocrítica: fue una “badada” sensacional de Ciutadans permitir esto, permitir que la legislatura pasada le robaran la cartera y la Corpo. Es verdad que no ayudaba el hecho de que la dirección nacional del partido, embarcada entonces en la Operación Sorpasso al PP de Albert Rivera, fuera extraordinariamente alérgica a arriesgar, atando de pies y de manos, en la práctica, a la dirigencia catalana. Hasta aquí, culpa de Ciutadans. Pero el resto, ay, el resto…el resto fue un anticipo de las miserias políticas que en todo su esplendor afloran ahora.
Manda narices que el PSC, que fue uno de los mayores dinamiteros del pacto por una renovación más limpia que pudimos tener en la legislatura pasada, y que al principio de esta circuló un flamante y hasta altanero documento comprometiéndose, se dice pronto, a “refundar” TV3, se haya avenido a renovar el CAC, la Corpo y otros órganos estratégicos del procés en unos términos que un observador imparcial sólo puede calificar de bochornosos.
Es verdad que en todas partes la gente tiende a arrimar el ascua a su sardina y a colocar personal de su cuerda. Pero, ¿es preciso que se note TANTO? ¿Ni un rastro de pudor democrático les queda? ¿Verdaderamente les da igual que hasta el Sindicat de Periodistes de Catalunya, para nada levantisco ante el régimen, haya puesto el grito en el cielo?
Solo desde una inmensa cara dura, sólo desde la convicción de que el cortijo es tuyo, se puede proponer de presidente del CAC a alguien como Xevi Xirgo, biógrafo de Puigdemont, promotor de una desastrosa El Punt Diari TV (que por cierto tuvo que avalar el Institut Català de Finances con 120.000 euros que Xirgo asegura que se han devuelto, aunque otras fuentes afirman lo contrario…) y, atención, SANCIONADO por el mismo CAC que ahora preside.
En Cataluña la desinformación es tal, las cortinas de humo tan espesas, que la gente sólo se fija en el detalle de la biografía de Puigdemont y no atiende a lo verdaderamente importante. A saber: la misión secreta de Xirgo al frente del CAC puede consistir en hacer realidad un sueño húmedo puigdemontista largamente pendiente, como es la concesión irregular de licencias de radio municipales (mayormente en la provincia de Girona), a compañías privadas que, aparte de no cumplir los estándares legalmente exigidos, la idea es que pongan todos esos micrófonos al servicio de Junts (o de determinado sector de Junts…) en las elecciones municipales. Al tiempo y al loro.
Se podría pensar que la entrada en el CAC a propuesta de ERC de Miquel Miralles, expresidente de la ACR, implicaria una sutil oposición de los republicanos a este gran plan de Xirgo y Puigdemont. De hecho ERC ya se negó a una renovación exprés de la Llei de l’Audiovisual Català que los de Junts trataron de colar en el interregno entre legislaturas, a ver si les validaban sus licencias irregulares. No coló y las espadas radiofónicas siguen en alto.
Pero también se equivoca quien vea en Miquel Miralles y en su trayectoria ninguna garantía de independencia. Quien esto firma tuvo que soportar que el tal Miralles me exigiera “pedirle disculpas a Laura Pinyol”, la otra flamante apuesta de ERC para el CAC. ¿Por qué se supone que me tenía que disculpar yo con esta señora? Pues por haber dicho en sede parlamentaria lo evidente: que todos sus méritos para el cargo consisten en haber sido la jefa de prensa de Carod-Rovira y en sus relaciones familiares con la flor y la nata del procés.
En el momento no me pareció elegante concretar tanto, pero vista la reacción farisea, voy a concretar aquí: Laura Pinyol tiene cuatro hijos con Aleix Villatoro, uno de los encausados, junto con Raül Romeva, por las malversaciones masivas en el Diplocat. Se entiende que cuando esta gente ve comprometido su tren de vida por sus malas acciones pongan raudas manos a la obra, sea para conseguir que les afinen el Tribunal de Cuentas, sea para poner a pan y cuchillo, con salarios cienmileuristas que claramente no se corresponden con su trabajo ni con sus méritos, a un montón de procesados, de procesadas y de sus cónyuges. Laura Pinyol simplemente se suma a una larga lista donde ya aparecen Txell Bonet, esposa de Jordi Cuixart y con no sé cuántas colaboraciones estables en Catalunya Ràdio y en el diario Ara; a Diana Riba, esposa de Raül Romeva y flamante eurodiputada de ERC (a esta por lo menos tuvieron el detalle de ponerla en una lista electoral, que la gente podía votar o no); y sobre todo, Marcela Topor, madame Puigdemont, cuyo programa en la tele de la Diputación de Barcelona, que no ve nadie, nos cuesta la friolera de 6.000 euros al mes. Hala.
Este caso es particularmente siniestro porque demuestra la inexorable oxidación de Cataluña. De toda ella. Se supone que la Diputación de Barcelona y sus terminales mediáticas tenían que ser un contrapoder a la Generalitat y a TV3. En la práctica, es el cuarto oscuro donde PSC y Junts juegan a médicos. Probablemente el precio de renovar el programa de Marcela Topor sea que los socialistas consigan colocar de consejero delegado de la XAL en sustitución de Lluís Garriga, uno de sus nuevos hombres en el consejo de gobierno de la Corpo, nada menos que a Enric Hernández, el caballo de Atila que casi hunde RTVE bajo la tutela de Rosa María Mateo. Pocas veces se ha visto a un periodista tan contestado por sus subordinados y compañeros. Por su desconocimiento total del medio televisivo y por su sectarismo rampante. Los indepes están que trinan porque creen que Hernández (que cuando escribía en el Avui firmaba Hernàndez…) es antiprocés. Animalitos. Es sucesivamente del sol que más calienta.
Hay que decir que el caso Enric Hernández constituye una especie de verruga particularmente llamativa en las candidaturas socialistas para estas cosas. A diferencia de Junts per Catalunya, que no se corta de colocar al exdiputado Pep Riera, o a la que fue consellera de Cultura de Quim Torra, Àngels Ponsa, bueno, el PSC suele esmerarse en aportar gente muy de la cuerda, pero con un CV presentable. Incluso espectacular, como es el caso de Rosa Maria Molló en el CAC o el de Carme Ribas, cerebrito tecnológico de la nueva Corpo. Por parte de ERC también ha sido fina, al césar lo que es del césar, la elección de Lluís Noguera, hasta ahora presidente de Caixaforum, o la de Rosa Romà para presidir la CCMA.
Rosa Romà es un crack innegable. También está casada con Miquel Gamisans, que lo fue todo en el control de ERC de los medios de comunicación y ahora va a ser el hombre en Barcelona de Acento, el nuevo y flamante lobby de cabecera de Moncloa, donde están Pepe Blanco y Alfonso Alonso. Atención que dejamos atrás el cutrerío para empezar a escalar las cumbres de la inteligencia. Llegados a este nivel, nos las habemos con gente sobradamente preparada y muy capaz de darle un buen vuelco al desastroso mapa audiovisual catalán.
Otra cosa es qué clase de vuelco va a ser ese. Lo de “refundar” que decía el PSC ya se ve que era broma, desde el punto de la neutralidad informativa por lo menos. Parece cada vez más impensable que aquí se implante un modelo como el que en su día introdujo la BBC, que se financiaba por un impuesto sobre los aparatos receptores. Es decir, que la pagaban los que de verdad la veían. Para no quedarse sin clientes, tenían que ser de verdad neutros, seriamente exquisitos. No como aquí, que más de media Cataluña paga (y no es poco lo que paga..) por una TV3 que no ve porque no se puede ver. Porque no hay quien la aguante sin ser procesista.
Rosa Romà habló de transformar la corporación catalana de medios en una corporación catalana de contenidos. Interesante. ¿Qué querrá decir? Porque según como lo mires suena a darle un baño de modernidad, realidad y digitalidad. Pero claro, visto el panorama, también puede significar lo mismo que eso de la “refundación” socialista: nos hacemos un videoclub entre nosotros, para nuestros amiguetes y nuestras productoras de la cuerda, y lo pagamos con dinero público. Y si sobra algo, al 3 per cent.
Por cierto: yo llevo rato pidiendo una comisión de investigación de todas las irregularidades de la Corpo, a ver si de verdad podemos partir de cero sin mochilas. Se lo pedí a todos los nuevos y flamantes miembros de la CCMA. Se lo he propuesto a todos los grupos parlamentarios. Hacen falta por lo menos dos para sustanciar la propuesta.
¿Qué creen ustedes que me han dicho? ¿Qué sospechan que va a pasar?
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