Hace unos días, con la excusa de la salubridad pública, el Ayuntamiento de Barcelona, dirigido por el socialista Jaume Collboni, se apresuró a desalojar a los que vivían en el asentamiento de Zona Franca, un lugar ocupado por docenas de tiendas de campañas, que estaban perfectamente organizadas tanto en ubicación como en reparto de tareas, dado que tenía vocación de permanencia.
Esta celeridad, que se vio confirmada cuando este jueves los servicios de limpieza municipales, acompañados de la Guardia Urbana, volvieron para desalojar a los que habían vuelto, adecentar la zona y avisarles que si volvían, solo podían estar de 20:00 a 8:00, es bastante sospechosa dada la complicidad de la izquierda catalana con este tipo de asentamientos. Recordemos el lío que le montaron a Xavier García Albiol en Badalona tras el desalojo del instituto B-9 habitado por cerca de cuatrocientos okupas.
Una explicación más que razonable sería que el asentamiento está en los ‘dominios’ del Consorcio de la Zona Franca, cuyo delegado es Pere Navarro, ex primer secretario del PSC. Navarro está intentando atraer a empresas, sobre todo procedentes de la dictadura china, a los terrenos del Consorcio, incluyendo el D-Factory, unas instalaciones para empresas tecnológicas que tanto Navarro, como Blanca Sorigué – la directora general – quieren convertir en la ‘joya de la corona’.
No sería de extrañar que el interés de Navarro y Sorigué en evitar ‘imágenes’ poco atrayentes para los empresarios a pocos metros de sus instalaciones estrella haya motivado la celeridad del Ayuntamiento en desalojar, y luego presionar, para que el asentamiento desaparezca. Un asentamiento que es obligado a ser desmontado cada mañana es poco atractivo para sus habitantes.
De hecho, Navarro y Sorigué están negociando con empresas ya instaladas en la zona para conseguir más espacio para el D-Factory, y un asentamiento de personas sin hogar no es la mejor carta de presentación para atraer a empresas tecnológicas que han de hacer inversiones millonarias.
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