El viernes 24 hemos entrado, oficialmente, en la campaña para las elecciones europeas. ¡Por fin! Ya sólo quedan dos semanas para que acabemos la racha de contienda electoral cada mes y medio aproximadamente. Gallegas, vascas, catalanas y, ahora, europeas han sido todo un calvario que ha provocado que los españolitos estemos hasta algo más que el gorro de nuestra clase política.
Tal es el nivel de hastío que en una de mis muchas encuestas post electorales que hago a mis amigos y conocidos, mientras tomamos el obligado café, no hay casi nadie a quien le importen los pactos poselectorales catalanes y vascos. Y meto a los vascos por aquí pues parece que todo el mundo ha dado por hecho que el PSE-EE pacta con el PNV y que Bildu se queda muy contento y satisfecho, pero yo sigo pensando que hay gato encerrado y me gustaría saber a cambio de qué los bilduetarras están tan modositamente callados. Eso lo conoceremos, con mucha suerte, a partir de la investidura del Gobierno vasco fijada para el 20 de junio.
Mientras tanto en nuestra dolça Cataluña vamos a tener la fiesta en paz un par de semanas, gracias a la colaboración y generosidad del molt honorable y funcional president Aragonés, al fijar la fecha de la constitución del Parlament para el día siguiente a las votaciones europeas: el 10 de junio. De hecho, estamos henchidos de tanta paz en esta campaña pues parece que todos se quieren mucho e intentan herirse poco. Igual es por aquello de que toca pactar. Igual.
Hablando de pactos, dicen las malas lenguas que las negociaciones van a muy buen ritmo y que, aunque parezca mentira, guardan secreto todas las partes de lo hablado hasta el momento. Los socialistas de Illa, que son maestros en eso de negociar en minoría, ya han intercambiado papeles con los esquerrans (o lo que queda de ellos), con los posconvergentes e, incluso, con los Comuns.
Sí, con esos que piden a su dios comunista no crear riqueza con ampliaciones de aeropuertos, parques de atracciones o casinos regentados por tribus de indígenas norteamericanas. Gracias a la calidad intelectual de las demandas de los niños y niñas de las “titas” Yoli y Colau, parece que los socialistas no quieren contar con ellos ni en la Generalitat ni en el Ayuntamiento de Barcelona y harán juegos malabares para no necesitarles más que puntualmente. Por aquello de quien con niños se acuesta, meado se levanta….
Eso limita el pacto de los socialistas a dos corrientes distintas: o se apoyan en una debilitada ERC que no puede dejar la oportunidad de “pintar algo” si no quiere desaparecer del mapa y quedarse en números de Heribert Barrera, Joan Hortalà o Àngel Colom y Pilar Rahola o los de Carod-Rovira, o se apoya en el rival político por antonomasia (tipo el PP en España) que es nada menos que Junts per Puigdemont. Si no fuera por los siete diputados del huidizo en el Congreso madrileño el llamado pacto de la sociovergencia ni se consideraría pues se han odiado y se siguen odiando con todas sus respectivas ganas hasta el infinito y más allá.
La cuestión es saber si Sánchez va a ser capaz de sacrificar su gran pieza en el socialismo autonómico español llamado Salvador Illa, o no. Si Sánchez regala la Generalitat a Puigdemont, los votantes socialistas de Cataluña empezarán a huir hacia otras formaciones políticas a la vez que provocará que los barones socialistas de todas las autonomías empiecen a poner su barba en remojo. Tanta inestabilidad abocaría a una crisis interna y a una importante pérdida de confianza del electorado español para los que no existiría jornadas suficientes de “reflexión” que arreglaran el entuerto.
Por tanto, para mí sólo hay dos opciones: o el pacto tripartito de izquierdas con los comuns mostrando alguna sensatez, aunque sea difícil en esa formación de compañeros extremistas, o el pacto del PSC y ERC con apoyos puntuales de los comuns e, incluso, del PP para ciertos temas de desarrollo económico e infraestructuras. Ciertamente, también existen dos posibilidades más: el pacto sociovergente pero con Illa de president y con Puigdemont pidiendo la jubilación anticipada que sólo sería posible si al huidizo le diera un ataque, desconocido aún en su currículo, de humildad. Ese pacto sería interpretado como el fin del “viejo procès” y el fin de los actores principales que lo provocaron, como Puigdemont. La última opción que se baraja es la más radical: la repetición electoral que sigue apuntando como espada de Damocles.
Pero antes de que ocurra esto y de que el Psc demuestre debilidad ante el elector catalán piensen ustedes en la más que probable carta del “pobre de mí” que puede esgrimir Sánchez para provocar un adelanto electoral de las generales. No hay mejor excusa que llorar con el argumento de que “entre los independentistas y los de la fachosfera no me dejan gobernar” y pedir el voto para no depender de los de Puigdemont. Si el resultado de las elecciones europeas es el que se supone, bastante ajustado, no duden en que Sánchez nos “regala” unas elecciones generales en pantalón corto y chanclas para pillar a contrapié a peperos y nacionalistas. Y, mientras, Salvador Illa dando saltos de felicidad por la plaza de Sant Jaume siendo investido como el decimotercer (mal número) Presidente de la Generalitat catalana.
NOTA DE LA REDACCIÓN: elCatalán.es necesita su apoyo, en este contexto de grave crisis económica, para seguir con nuestra labor de defensa del constitucionalismo catalán y de la unidad de nuestro país frente al separatismo. Si pueden, sea 5, 10, 20 o 50 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















